Guerra Colonial. Colonialismo, procesos postcoloniales y relaciones internacionales

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Miguel Madueño Álvarez: La Conferencia de Berlón. De la colonización de África al reparto del mundo (1870-1914). Gijón: Ediciones TREA, 2025, 221 pp. ISBN: 9791387790035

María Gajate Bajo

Universidad de Salamanca

Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0. CC BY

Este libro publicado por el profesor de Historia Contemporánea Miguel Madueño Álvarez ofrece un análisis detallado de la Conferencia de Berlín, así como de sus causas y consecuencias; y ofrece, sobre todo, una sugerente reiterpretación de su impacto, entendiendo la reunión como un foro, en realidad, pensado para el reparto del mundo. Tal y como reconoce el autor, el encuentro estuvo a la altura del de Utrech, Viena, Versalles o Potsdam. Porque la consecuencia inmediata de la Conferencia de Berlín en el ámbito internacional fue la conquista y sometimiento del continente africano, si bien en el medio plazo logró retrasar el estallido de la guerra en el Viejo Mundo.

El profesor Madueño demuestra con este trabajo su profundo conocimiento sobre uno de los grandes temas de la Edad Contemporánea, responsable en buena medida de las fronteras y problemas globales a los que se enfrentan las sociedades actuales: el colonialismo y sus derivaciones geopolíticas hasta hoy. El colonialismo de los siglos XIX y XX, nutrido de motivaciones económicas (por el control de nuevas tierras y la competencia bañada de nacionalismo), se define desde las primeras páginas de la obra como un fenómeno singular en cuanto que se fundamentó en el consenso entre las grandes potencias. Desde esta premisa, el libro examina sus motivaciones y repercusión a partir de tres grandes bloques de contenidos y lo hace apoyándose en una amplia reproducción cartográfica, de enorme utilidad para el lector menos avezado en estas cuestiones.

En "Las bases del colonialismo" se repasa el contexto y antecedentes que condujeron a la celebración de esta gran reunión internacional. Se pone claramente de relieve que la Conferencia de Berlín (1884–1885) fue uno de los grandes acontecimientos de la historia contemporánea, marcando la división del globo en esferas de influencia y el reparto del continente africano. Su celebración, además, coincidió con el auge de la industrialización y el deseo de progreso que las metrópolis europeas manifestaron arrogadas en el darwinismo social, en el supremacismo y en el paternalismo indiscutible, aunque también en la búsqueda del consentimiento internacional entre potencias mediante la conjunción de varios modelos de colonización. Las reflexiones a propósito de la naturaleza hostil del casi ignoto continente africano y a propósito de la asimetría tecnológica entre los contendientes constituyen el epicentro de estos primeros capítulos introductorios y su principal fortaleza.

Sigue a este bloque otro titulado "Cartografía de la conquista", con un repaso exhaustivo del alcance territorial logrado por cada una de las grandes metrópolis. Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Portugal, España y el rey belga Leopoldo II obtuvieron territorios en África. Es notable, por ello, el esfuerzo de síntesis del autor, capaz de retratar en pocas páginas las bases de la talasocracia británica, aunque sin obviar tropiezos como el de Isandlwana (1879). Aunque pueda resultar anecdótica la referencia a las amazonas de Dahomey, también el colonialismo galo es objeto de un minucioso examen, cobrando protagonismo su colonia argelina y la acción en la región senegalesa. Mientras que Portugal estuvo lastrado en África por su dependencia de Londres, España no padeció la "fiebre colonial" por este continente hasta 1898, embarcándose en una aventura muy peligrosa en la región del Rif, que merece un particular protagonismo dentro del breve capítulo dedicado a nuestro país. De Italia, en el Cuerno de África, y Alemania, en Togo y Camerún, se enfatiza su ímpetu conquistador en un contexto de afirmación nacional. Por último, la creación del Congo Belga se revela como uno de los motores de la conferencia y, a la par, como el factor determinante de la satisfacción parcial de todos los participantes en la misma.

Ahora bien, las representaciones de Estados Unidos, el Imperio ruso, el Imperio austrohúngaro, Suecia-Noruega, Dinamarca y Países Bajos, presentes en la conferencia, no ocuparon espacios físicos. Esta cuestión se aborda en el tercero de los apartados, junto con la presentación de las grandes crisis internacionales originadas en África -Fashoda, Mittleafrica, mapa rosado, etc.- que lleva por título "Geopolítica Colonial". Madueño, reiteradamente, se pregunta en su libro qué ocurrió con las naciones que ocuparon un escaño en la reunión de Berlín y no tuvieron presencia en África. Cierto determinismo geográfico sale a colación cuando se barajan posibles respuestas. Así, Estados Unidos focalizó sus esfuerzos en la zona natural de influencia que era Norteamérica, mientras que Rusia se centró en Asia Central, los Países Bajos se dieron por satisfechos con el control de las Indias Orientales y Dinamarca hizo lo propio con Groenlandia. Por otra parte, los Imperios austrohúngaro y otomano estaban sumidos en un proceso de descomposición que les indujo a evitar reclamaciones territoriales.

A partir de un detallado análisis de la Conferencia de Berlín este libro pretende mostrar, en suma, la situación de África durante los años anteriores y posteriores a su celebración. Lo hace con un estilo ágil y muy preciso, contribuyendo así a esclarecer las razones de la que, sin duda, fue una de las grandes reuniones internacionales del siglo XIX. El profesor Miguel Madueño demuestra ser uno de los mayores conocedores de las claves para el desenvolvimiento del colonialismo en África y, de paso, para la comprensión de las raíces de buena parte de la geopolítica actual.