Guerra Colonial. Colonialismo, procesos postcoloniales y relaciones internacionales

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La expedición del general Leclerc en Saint-Domingue (1802): historiografía, unidades de combate y relatos colectivos

General Leclerc’s Expedition on Saint-Domingue (1802): Historiography, Military Units and Collective Accounts

Jonathan Jacobo Bar Shuali

Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España
Grupo de Investigación en Teoría Crítica de la Universidad de Valencia
https://orcid.org/0000-0002-9495-3157 | jbar@ucm.es

Carlos Alberto Murgueitio Manrique

Universidad del Valle, Cali, Colombia
Grupo de Investigación: Centro de Estudios Históricos y Ambientales (CEHA)
https://orcid.org/0000-0002-4624-7223 | carlos.murgueitio@correounivalle.edu.co

Enviado: 02/09/2025
Aceptado: 24/09/2025

DOI: https://doi.org/10.33732/RDGC.17.132

Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0. CC BY

PRESENTACIÓN DEL DOSIER

A inicios de 1802, el principal epicentro de la economía de plantaciones del Caribe, Saint-Domingue, fue testigo de una reconquista protagonizada por un ejército expedicionario europeo. Naturalmente, la incursión derivó en un conflicto bélico de gran envergadura, que enfrentó a las tropas consulares de Bonaparte contra el Ejército rebelde organizado por el general negro Toussaint de Breda, o Louverture, gobernador de la parte occidental de la isla, y quien ejercía sus funciones sin romper con la metrópoli francesa, pero celebrando tratados comerciales con los ingleses y angloamericanos, proclamando la autonomía de la colonia y otorgándose derechos vitalicios sobre sus funciones gubernativas. La República francesa, al menos nominalmente, conservaba la soberanía sobre la totalidad de La Española, según lo dispuesto en la Paz de Basilea de 1795, pero era un hecho que desde 1792, debido al bloqueo naval inglés, la marina francesa no se proyectaba decisivamente sobre el “Nuevo Mundo”, y por lo tanto ambas partes yacían desprotegidas de sus ejércitos y escuadras.

Los antiguos esclavos, que originalmente habían formado filas en favor de España, de la Iglesia católica y del rey Carlos IV, contra la Revolución francesa1, desde el 4 de febrero de 1794 fueron convertidos en nuevos ciudadanos por la Convención Nacional en París. En respuesta a estas nuevas disposiciones, en mayo, los regimientos auxiliares dirigidos por Toussaint Louverture y adscritos a las filas de Georges Biassou, cambiaron de bando y retomaron para la República las conquistas hechas en favor de España. Fue desde entonces que el “primer general negro” inició una carrera meteórica hasta convertirse en el hombre de confianza del Directorio. La ocupación inglesa de la provincia del Centro; la bahía de Gonâve y las penínsulas del Norte y Sur perduró hasta 1798, y por tal motivo, el proceso de emancipación y unificación nacional fue largo y se desarrolló por etapas2. En 1799 transcurrió la guerra civil que terminó en la derrota de los mulatos del Sur dirigidos por André Rigaud, y a finales de 1800, Saint-Domingue incorporó al antiguo Santo Domingo, que convivía en la isla como una colonia separada, conformando una sola entidad política regida por una Constitución redactada y sancionada por Louverture que entró en vigencia sin el consentimiento del ciudadano primer cónsul3. Este último suceso determinó la organización y despliegue del Ejército expedicionario francés.

La reconquista de la isla, dirigida por el general Charles Emmanuel Leclerc, cuñado de Bonaparte, contó con la participación de los regimientos veteranos de la guerra contra Primera Coalición antifrancesa4, aquellos que también habían combatido en los frentes del Rin, los Alpes, Italia y El Nilo (esta última campaña en la Segunda coalición), y contribuido al ensanchamiento de la hegemonía gala en Europa y a su proyección sobre el Mediterráneo oriental5. Los compromisos preliminares de octubre de 1801, que condujeron a la Paz de Amiens con Inglaterra, firmada en marzo de 1802, permitió a los franceses la preparación y envío del Ejército expedicionario compuesto por entre 20.000 y 56.000 soldados, que fueron movilizados en una flota combinada de 56 navíos (teniendo como referencia solo el primer desembarco), a los frentes del Caribe6.

El plan de estabilización territorial organizado por el propio Bonaparte debía seguirse “al pie de la letra” una vez instalado Leclerc en Cap-Français, pero contrariamente a lo que algunos afirmaron acerca de los “sobrados de recursos dispuestos para dicha empresa”, tras el desembarco, el Ejército expedicionario se encontró con un panorama desolador. Debido a las destrucciones de las ciudades y de los campos acometidas por los negros o “nativos”, las tropas metropolitanas sufrieron un crónico desabastecimiento, que fue compensado por el comercio neutral dominado por los angloamericanos. Inicialmente, entre febrero y mayo de 1802, la estrategia desplegada por los franceses fue exitosa, ya que en pocas semanas retomaron los litorales, derrotaron al Ejército louverturiano en la batalla de Crête-à-Pierrot, capturaron a Toussaint Louverture y lo enviaron a Francia. Sin embargo, la campaña de desarme de los cultivadores, emprendida desde mayo, y las noticias sobre la restauración de la esclavitud en la isla de Guadalupe, que llegaron y se difundieron por los puertos del Caribe desde agosto, propiciaron el estallido de un levantamiento general. Todo ello coincidió con el más mortífero brote de fiebre amarilla jamás registrado y que consumió a los recién llegados.

En noviembre de 1802 Leclerc murió de la “fiebre pútrida”, siendo su sucesor el terrible general Rochambeau, quien prosiguió la tarea de Leclerc hasta finales de 1803. Paradójicamente, contrario a las declaraciones de Napoleón sobre no permitir a un solo “africano enjoyado más lucir charreteras de oficial”, el nuevo ciudadano y ex lugarteniente de Louverture, Jean-Jacques Dessalines, fue coronado como el emperador Jacobo I, pese a su conocido analfabetismo y prontuario sanguinario7. Su asesinato perpetrado en octubre de 1806 implicó la separación momentánea del Imperio de Haití en dos entidades políticas separadas, dirigidas por el rey negro Henri Christophe en el Norte, y el presidente mulato Alexandre Pétion, en el Oste y Sur8.

La presente propuesta pretende estudiar, analizar y comprender la guerra de reconquista de Saint-Domingue y de independencia haitiana, 1802-1804, desde los acontecimientos políticos y militares, deteniéndonos, especialmente, en el papel de cada uno de los ejércitos participantes —los regimientos europeos y sus auxiliares, los rebeldes o “nativos”, los contingentes mulatos y la flota británica, etc.—, el rol ejercido por los comerciantes angloamericanos —sus interacciones en las diferentes etapas de la guerra y las repercusiones generadas por estas tanto para Francia como para Haití— y en el estudio de la historiografía existente sobre la materia en las tres lenguas principales, además de las memorias y relatos de guerra, escritos por los personajes de la época; agentes militares y funcionarios, médicos y personal sanitario, viajeros y exploradores, sin dejar de lado la amplia documentación oficial procedente de archivos situados a ambas costas del Atlántico.

Se prestará especial atención a los registros de las bajas sufridas por los franceses, indagando en las razones del desastre de la expedición dirigida por Leclerc hasta noviembre de 1802, y retomada por el ya citado Rochambeau. Asimismo, se prestará atención al estudio de los niveles de destrucción alcanzados en la economía de plantaciones de Saint-Domingue, y su impacto en la región circuncaribeña. Para cubrir estas áreas de estudio contamos con cinco autores de talla internacional, en el orden cronológico de sus investigaciones, estos son: Antonio J. Pinto Tortosa, María Dolores González-Ripoll Navarro, Carlos Alberto Murgueitio Manrique, Johanna von Grafenstein y Gustavo Pérez Rodríguez. Estos, partiendo de diferentes corrientes historiográficas y enfoques investigativos, contribuyen con sus trabajos a desentrañar la compleja trama que enmarca los acontecimientos referidos, acontecidos en Saint-Domingue, actual Haití, entre 1789 y 1814.

En primer lugar, Pinto Tortosa expone el proceso de ascenso al poder del general Toussaint Louverture. Un individuo cuyo papel fue, en realidad, del todo secundario en sus etapas iniciales, al contrario de lo que defienden algunos historiadores haitianos hasta la actualidad. Louverture se abrió camino acercándose a las autoridades blancas, primero españolas y luego francesas, para hacerse con el control político de Saint-Domingue en representación de la metrópoli. El principal obstáculo para su proyecto unificador de la isla en una sola entidad era la antigua parte española, que, a pesar del triunfo francés en 1795, conservó su propia autonomía bajo la protección de la metrópoli. En 1801 el general negro de Saint-Domingue, Toussaint Louverture, decidió tomar la parte oriental de la isla, justificando tal hecho como una respuesta a “la propia voluntad de los habitantes de aquel territorio, en lugar de ser el resultado de una campaña militar y, por consiguiente, de la imposición forzosa”.

Por su parte, González-Ripoll Navarro, nos presenta la guerra de Independencia haitiana como “un fenómeno pleno de silencios atronadores, merced al impacto que provocaron los hechos, discursos, imágenes, ideas (…)”. Desde un enfoque propio de la historia de las emociones, la autora expone cómo los discursos colectivos consignados en la Gaceta de Madrid, en la Secret History y en The Horrors of St. Domingo: In a Series of Letters, escrito por una tal Lady at Cape, influyeron en el público lector español y británico, sirviéndoles de insumos para comprender la realidad, a través de los testimonios; increíbles e inverosímiles, que interpretaron y representaron los sucesos ocurridos en Saint-Domingue desde los albores de la Revolución francesa y el periodo que transcurrió hasta la guerra de Independencia haitiana. Estos relatos sirvieron para recrear en el imaginario de la época la inflexión del orden existente hasta entonces en el antiguo centro neurálgico del sistema de las plantaciones, las repercusiones de la liberación masiva de los esclavos, y la disputa a muerte entre europeos y afrocaribeños, que terminó decidiéndose en favor de los segundos con el exterminio de los primeros.

Desde un planteamiento histórico-militar9, Murgueitio Manrique se adentra en un debate historiográfico que ha sido desatendido en las últimas décadas, y que corresponde al papel que cumplió la epidemia de fiebre amarilla, que azotó a Saint-Domingue desde abril hasta noviembre de 1802, y su impacto en la derrota del Ejército expedicionario. El autor se remite a los documentos escritos por los médicos franceses, como es el caso de Jean Vincent de Marciac, cirujano del cuerpo de artillería de Cap-Français, y el doctor Peyre, inspector general de salud de la colonia de Saint-Domingue, quienes acompañaron a las fuerzas de reconquista. Esta documentación, hallada en les Archives Nationales d’Outre Mer de Aix-en-Provence (Francia), ayuda a determinar la particular virulencia de una enfermedad que arrojó a la muerte a unos 30.000 soldados de los regimientos franceses de un total de 56.061 soldados desplegados, es decir, hasta un 53% (más de la mitad de sus efectivos).

El estudio de este desastre estratégico se ve complementado por el artículo de la profesora von Grafenstein, que analiza las memorias escritas por los ingleses James BarsKett y William Woodis Harvey (que incluyen relatos sobre el origen y desarrollo del imperio de Dessalines y del reino de Christophe), para contrastarlas con las descripciones realizadas por el militar francés Pamphile de Lacroix y las versiones de la historia nacional haitiana recopiladas por Thomas Madiou y Beaubrun Ardouin. Tras este estudio de von Grafenstein, la contribución de Pérez Rodríguez completa el dosier con una revisión historiográfica de la expedición de Leclerc y de la guerra de Independencia haitiana, para luego indagar acerca de la relación de Simón Bolívar y Xavier Mina con Haití al final de la era napoleónica, cuando la República haitiana dirigida por Pétion apoyó con dinero y armamentos las campañas militares emprendidas contra España.

El último autor señala sabiamente el papel que asumieron los antiguos esclavos afrofranceses como mártires y estandartes de la libertad de las nuevas repúblicas continentales, y adalides de la emancipación de sus semejantes, causa a la que debían sumarse todos los gobiernos. Un tema insuficientemente explorado en las comunidades académicas peninsulares e hispanoamericanas. No está de más recordar la máxima de Bonaparte que dice “en la revolución se olvida todo”10, por lo que este volumen pretende rescatar la historia de tan dramático proceso desde aproximaciones originales y novedosas.

BIBLIOGRAFÍA

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Mejía Chávez, Carlos Gustavo. ¡Viva Napoleón / muera Bonaparte! Propaganda y opiniones contrastadas en el mundo hispánico (1798-1810). Ciudad de México: El Colegio de México, 2025.

Murgueitio Manrique, Carlos Alberto. «Los Negros del Rey, el plan de los brigantes incendiarios de Saint-Domingue para liberar a Luis XVI y restaurar el Ancien Régime (1789–1791)», L’Aigle: Revista de Historia Napoleónica, vol. 3, 2025, pp. 53-91.

Pinto Tortosa, Antonio Jesús. «La Española como escenario de un conflicto geopolítico global: Reino Unido vs. Francia (1791-1809)», L’Aigle: Revista de Historia Napoleónica, vol. Extra II, 2024, pp. 91-114.

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1 Sobre la motivación original de este colectivo véase: Murgueitio Manrique, Carlos Alberto. «Los Negros del Rey, el plan de los brigantes incendiarios de Saint-Domingue para liberar a Luis XVI y restaurar el Ancien Régime (1789–1791)», L’Aigle: Revista de Historia Napoleónica, vol. 3, 2025, pp. 53-91.

2 Manigat, Sabine. «La revolución de independencia de Haití en su primera etapa. La edificación del poder negro en Saint-Domingue», Ciencia y Cultura, no. 22-23, 2009, pp. 301-311.

3 Pinto Tortosa, Antonio Jesús. «La Española como escenario de un conflicto geopolítico global: Reino Unido vs. Francia (1791-1809)», L’Aigle: Revista de Historia Napoleónica, vol. Extra II, 2024, pp. 91-114.

4 Sobre el estado de las fuerzas armadas en 1802: Bar Shuali, Jonathan Jacobo. Breve historia del Ejército Napoleónico. La Grande Armée de Napoleón y sus aliados. Madrid: Nowtilus, 2022.

5 Véase el trabajo de Charles J. Esdaile. Las guerras de Napoleón: una historia internacional, 1803- 1815. Barcelona: Crítica, 2009.

6 Las cifras entre autores varían notablemente. Véase el estudio de Girard, Philippe. The Slaves Who Defeated Napoleon. Toussaint Louverture and the Haitian War of Independence, 1801-1804. Alabama: The University of Alabama Press, 2011.

7 Mejía Chávez, Carlos Gustavo. ¡Viva Napoleón / muera Bonaparte! Propaganda y opiniones contrastadas en el mundo hispánico (1798-1810). Ciudad de México: El Colegio de México, 2025.

8 Martínez Peria, Juan Francisco. «¿Revolución en un solo país? Henry Christophe y la difusión del ideario revolucionario haitiano en el Mundo Atlántico», Revista de la Red de Intercátedras de Historia de América Latina Contemporánea, no. 10, 2019, pp. 1-24.

9 En los últimos años la historia militar haitiana ha ido cobrando más fuerza, véase el caso de Girard, Philippe. «Haiti, Slavery and the War in the Caribbean» en B. Colson y A. Mikaberidze (eds.), The Cambridge History of the Napoleonic Wars, Vol. II. Fighting the Napoleonic Wars. Gran Bretaña-Nueva York-Melbourne-Nueva Deli: Cambridge University Press, 2023, pp. 586-606; Bar Shuali, Jonathan Jacobo y Pinto Tortosa, Antonio Jesús. «El desertor Louverture vs el general Toussaint mecanismos de poder militar, entre la Monarquía y la República» en M. Madueño Álvarez y P. Panera Martínez (coords.), Combatientes en las guerras coloniales. Madrid: Dykinson, 2023, pp. 215-224.

10 Balzac, Honoré de. Máximas y pensamientos de Napoleón. Barcelona: Ariel, 2015, p. 42.