
Una empresa colonial fallida La expedición de Victor Emmanuel Leclerc en fuentes anglosajonas, francesas y haitianas
An Unsuccessful Enterprise Victor Emmanuell Leclerc ´s Expedition in Anglosaxon, French and Haitian Sources
Johanna von Grafenstein
Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora
Enviado: 21/07/2025
Aceptado: 23/09/2025
DOI: https://doi.org/10.33732/RDGC.17.129
Resumen
Objetivo del artículo es ofrecer perspectivas nuevas sobre la expedición militar napoleónica de 1802 a Saint Domingue. Se analizan fuentes anglosajonas no consideradas en la literatura, que se confrontan con narrativas francesas y haitianas. El artículo se propone mostrar que las diferentes narrativas persiguieron objetivos de difusión de la fallida expedición francesa entre lectores de habla inglesa, de discutir las posibles causas del fracaso napoleónico de someter la colonia Saint Domingue que estaba a punto de sustraerse de la autoridad metropolitana. Se sostiene y se busca demostrar que en muchos puntos la crítica de los autores de habla inglesa, coincide con la de autores haitianos. Ambas posturas se nutrían de un marcado sentimiento anti - francés, mientras que las críticas de los autores franceses se dirigían contra algunos actores y estrategias concretos.
Palabras clave
Saint Domingue, Leclerc, Expedición militar, 1802, Política colonial, Napoleón Bonaparte, Narrativas anglosajonas, Francesas, Haitianas
Abstract
The paper aims to show new perspectives on the military expedition sent by Napoleon Bonaparte to Saint Domingue in 1802. It focuses on Anglo-Saxon sources not considered in the literature and confronts them with French and Haitian narratives. The article intends to show that the goal of the different accounts was to spread information among English spoken readers about the failed French expedition, to discuss the reasons of the failure to submit the colony again to the metropolitan authority. The paper sustains and looks to demonstrate that in many aspects the critique of the Anglo-Saxon observers is coincident with that of Haitian authors. Both were based on a strong anti – French position, while the critiques of the French authors focused on certain actors and strategies.
Keywords
Saint Domingue, Leclerc, Military expedition, 1802, Colonial politics, Napoleon Bonaparte, Anglo-Saxon, Haitian, French narratives

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INTRODUCCIÓN
La expedición de Charles Victor Emmanuel Leclerc a Saint Domingue, su desarrollo hasta la muerte del general el 2 de noviembre de 1802; la suerte de la empresa bajo su sucesor, el general Rochambeau y final derrota un año después, ha sido objeto de estudio de testigos oculares, de visitantes tempranos del Haití independiente, así como de los primeros historiadores formales de la joven nación en la primera mitad del siglo XIX. Historiadores del siglo XX y del actual tratan sus sucesos como una importante etapa de la lucha por la independencia de la primera república negra en el mundo, pero también como un episodio relevante de la política de Francia hacía su colonia más grande en el Caribe, cuyo esplendor se quería recuperar después de una década de conmociones y sobre la cual se buscaba retomar el control que se veía amenazado por la actuación de su principal figura política y militar, Toussaint Louverture.
Con base en la correspondencia del mismo comandante de la expedición, del gobernador de la isla y de otros testimonios coetáneos, historiadores de la llamada revolución haitiana han analizado el desarrollo de los acontecimientos, sobre todo en el campo de batalla, así como los factores que eventualmente llevaron al fracaso de este intento emprendido por Napoleón Bonaparte de recuperar la otrora posesión más productiva de Francia en las Antillas.
Esta contribución se enfoca en las diferentes percepciones de una de las etapas de la guerra colonial, marcada por la expedición encabezada por Leclerc en 1802. Nos interesa recuperar las diferentes visiones escritas desde diversos puntos de vista, marcados por la pertenencia del observador a una comunidad dada. Pensamos que este enfoque puede enriquecer lo escrito hasta ahora sobre la expedición. Me propongo confrontar fuentes de diferente origen que expresan visiones complementarias, pero también encontradas, sobre esta etapa decisiva de la lucha metropolitana por imponer su dominio sobre la isla. Las fuentes francesas utilizadas para este análisis son los testimonios de dos participantes en la expedición, el del lugarteniente general baron Pamphile de Lacroix (Lacroix, 1819), uno de los mandos principales bajo el comando del general Leclerc, así como el testimonio de un joven soldado quien conoció los horrores de la guerra y adquirió una formación inicial en el manejo de las armas durante los dos años que durara la expedición. Es Jean Baptiste Lemonnier-Delafosse (Lemonnier-Delafosse, 1846) quien escribió un relato, que tiene algunos elementos novedosos porque el autor ve los acontecimientos a través de la lente de un soldado inexperto, que no conocía la colonia, su geografía, su población, ni el estado del conflicto entre colonia y metrópoli.
Opongo a las dos visiones francesas las de observadores “externos”, visitantes anglosajones de la isla en las décadas posteriores a su independencia. Algunos de ellos conocieron ambas partes de la posesión francesa, la de occidente y la del oriente, esta última francesa desde el Tratado de Basilea de 1795 que, después de la independencia de Haití en 1804, seguía en manos de Francia hasta 1809, cuando fuerzas locales pro-españolas recuperaron la posesión para España (hasta 1821).
Los autores que incorporamos a este análisis son James Barskett, (Barskett, 1824) un militar inglés quien desde Jamaica visitaba en la segunda década del siglo XIX la corte del rey Henri Christophe. El libro de Barskett se publicó por primera vez en 1818 en forma anónima, seis años después apareció bajo su nombre en Nueva York; M. Placide-Justin se basó en documentos y notas de Barskett para escribir la primera historia nacional de Haití (Placide-Justin, 1826). Una segunda fuente inglesa es la del estudiante del Queens´ College en Cambridge, William Woodis Harvey, (Harvey, 1827) quien también conoció Haití en los años del reino de Henri Christophe, reunió información que le proporcionaban personas cercanas a la corte, estudió documentos y tomó también como fuente el libro de James Barskett. En 1827 publicó sus indagaciones y observaciones en forma de libro que abarca los años desde la expulsión de los franceses hasta la muerte de Christophe.
El primer cónsul británico en Haití, Charles Mackenzie, (Mackenzie, 1830) recorrió la isla en 1825 y escribió una obra en dos volúmenes, titulada Notes on Haití que se publicó en 1830 en Londres. James Franklin, a su vez, visitó Haití y se informó sobre su historia porque quería comerciar con la joven nación en los años veinte del siglo XIX (Franklin, 1970). El médico estadunidense Jonathan Brown visitó Haití en los años 1833-34 y publicó una obra en dos volúmenes sobre su historia y situación en el momento de su visita (Brown, 1837). Este autor sigue muy de cerca la obra de Pamphile de Lacroix en los capítulos referentes a la isla en el momento de la expedición francesa (capítulos II y III). Frente a estas narrativas, van a aparecer en los años cuarenta y cincuenta las grandes historias nacionales de Thomas Madiou (Madiou, 1985) y Beaubrun Ardouin (Ardouin, 1853) quienes, en siete y once tomos, respectivamente, refieren la historia de la isla La Española, de la colonia francesa de Saint Domingue, del proceso de independencia y de las cuatro décadas post - independientes.
De las obras citadas, las que han sido utilizadas con anterioridad como fuentes de información, están las de Lacroix, así como las de los dos historiadores haitianos, pero las fuentes anglosajonas mencionadas no han sido interrogadas sobre el tema, y muy poco el texto del testigo presencial Lemonnier-Delafosse quien sólo muy tangencialmente ha sido citado. Nos interesa usar las obras mencionadas no como fuentes para relatar los sucesos, sobre los se han escrito textos importantes, sino nos interesan las interpretaciones, las visiones de los autores sobre la expedición, sus objetivos, las dificultades a las que se enfrentaba, los éxitos iniciales y las causas de su fracaso. Al análisis de las fuentes citadas, antepongo, sin embargo, unas breves reflexiones de autores “modernos”, es decir del último siglo y del actual, sobre la revolución de esclavos e independencia de Haití.
De esta forma, nuestro acercamiento al tema es esencialmente historiográfico. Las obras anglosajonas – usamos este término por haber incluido el libro en dos tomos de Jonathan Brown quien es estadounidense – tienen el formato de libros en uno o dos volúmenes. Parten de diferentes momentos de la historia de la isla de Santo Domingo. Algunos inician desde la llegada de los españoles (Barskett, 1824; Franklin, 1970; Lacroix, 1819; Mackenzie, 1830; otros, desde las primeras manifestaciones de oposición a la metrópoli y el estallido de la revolución de esclavos, y algunos desde coyunturas más recientes.
Barskett y Harvey conocieron el Reino de Henri Christophe en la segunda década del siglo XIX. Ambos inician sus obras con el periodo español de la isla que se remonta a 1492. James Barskett se basa en la obra temprana de Fernández de Oviedo, en las de los franceses el abate Guillaume, Thomas, François Raynal, el jesuita Pierre François Xavier de Charlevoix, el criollo de la Martinica, Médéric Louis Élie Moreau de St. Méry; el inglés Bryan Edwards y el estadounidense Marcus Rainsford. Barskett dedica tres capítulos a los siglos entre 1492 y 1789, en seis capítulos relata su visión de los acontecimientos revolucionarios y en cuatro, los sucesos entre la derrota de los franceses en noviembre de 1803 y fines de 1817.
William Woodis Harvey inicia su obra con unas reflexiones sobre las circunstancias que llevaron a la emancipación general en la colonia francesa. En los capítulos II al XI describe “la vida, el carácter y reino de Jean Jacques Dessalines y de Henri Christophe; las rivalidades entre este último y Alexandre Pétion; la elevación al trono de Christophe, su esplendor y popularidad, la nobleza en la corte del rey, su ejército, educación, agricultura y comercio, así como las condiciones de europeos y americanos en El Cabo Francés. El relato termina con la muerte de Christophe y la unión de ambas partes de la isla bajo Jean Pierre Boyer. Entre las fuentes que usó, el autor menciona documentos impresos a los que tuvo acceso durante su estancia en Haití bajo el gobierno de Henri Christophe, las comunicaciones personales, las notas que tomó, así como el libro de James Barskett.
Franklin da a su texto una utilidad concreta: ofrecer a sus lectores conocimiento útil sobre Haití; se dirige especialmente a comerciantes e inversionistas de habla inglesa. Dice que no va a hacer un recuento histórico de Haití porque no podría añadir nada nuevo a las obras de Charlevoix, el padre Raynal, Brian Edwards, William Walton y otros. Sin embargo, en un primer capítulo de la obra se ocupa de la colonización de la isla por españoles y franceses y las relaciones entre ellos; ofrece datos geográficos y económicos de las dos colonias; relata los sucesos revolucionarios en cinco capítulos; dedica dos al gobierno de Henri Christophe y sólo seis capítulos del total de catorce a las “condiciones presentes”, es decir, al país bajo el gobierno de Jean Pierre Boyer, que son los años en los que Franklin hizo v arias visitas a Haití.
En los doce capítulos del primer volumen de su obra, Charles Mackenzie hace un recuento del recorrido por toda la isla que realizó en los años de 1826 y 1827. En el segundo volumen trata a lo largo de los primeros tres capítulos la historia de La Española, desde el descubrimiento hasta la revolución francesa y sus efectos en la colonia Saint Domingue; esta parte histórica termina con “la invasión francesa”, es decir, la expedición de Leclerc y la expulsión de Rochambeau. Los capítulos 3 y 4 están dedicados a los gobiernos independientes de Dessalines, Pétion y Boyer y terminan con el reconocimiento de la independencia de Haití por Francia en 1825. Siguen cuatro capítulos temáticos sobre el carácter del gobierno, la población y el establecimiento eclesiástico, agricultura, comercio, finanzas y la defensa del país por el ejército y la armada. Mackenzie tenía el encargo de informar a su gobierno sobre los recursos de la isla y su explotación en el momento, así como sobre las posibilidades de inversión en ella.
En History and Present Conditions of Hayti, en dos volúmenes, Jonathan Brown ofrece una historia detallada, hace una crítica fuentes, especifica claramente sus objetivos y motivaciones para escribir el texto, es decir, da a su obra el formato de un libro que reúne información fáctica, sin renunciar a dar a conocer sus opiniones, que, por cierto, expresan prejuicios fuertes hacia la población negra de la isla. Habla de su “amada indolencia” y “estupidez”, al mismo tiempo que califica a la “raza africana” como un “pueblo dulce y pacífico”, en la que la “libertad no es una condición natural” (Brown, 1837, vol. 1, pp. 24, 278 y 280) Entre sus fuentes mencionada a Washington Irving para el periodo de Cristóbal Colón, Moreau de St. Méry para los años anteriores a la revolución de esclavos, a Antoine Dalmas y Pamphile de Lacroix para ambos periodos; además de documentos y relatos de testigos presenciales. Lo que le motivó escribir sobre Haití, dice, era la falta de conocimiento “exacto” en Estados Unidos sobre la historia del país, desde su condición de colonia opulenta de Francia hasta su situación bajo el gobierno de Boyer.
Como se puede apreciar en las breves descripciones anteriores, ninguno de los escritores de habla inglesa pudo resistir a la tentación de relatar la historia de las dos colonias en la isla La Española y, sobre todo, de dedicar varios capítulos de sus obras a los sucesos revolucionarios, que todos consideraban extraordinarios, únicos en la historia de la humanidad y dignos de amplios comentarios.
Las dos grandes obras de Madiou y Ardouin pertenecen a la historiografía decimonónica de Haití. Thomas Madiou inicia su Historia de Haití (Histoire d´Haïti) en siete tomos con la llegada de Colon a la isla La Española y pone como fecha final de la obra el año de 1846. Madiou denuncia fuertemente el sistema colonial y la opresión de la población negra a través del sistema de la esclavitud. Dice que españoles y franceses dejaron en la isla “los rasgos ensangrentados de su dominación, pero que también dejaron “los gérmenes de una civilización nueva”; expresa su convicción de que “tarde o temprano Haití ocupará con dignidad su lugar entre las naciones civilizadas” (Madiou, 1985, vol 1: pp. III y IV) Entre las fuentes que ocupó para escribir su obra, menciona folletos, periódicos, testimonios orales de testigos de los sucesos.
Beaubrun Ardouin se propuso originalmente escribir una biografía del general Borgella, un militar y hombre mulato, pero, explica en la Advertencia, para hacer entendibles las acciones del personaje, tenía que ubicarlas en el contexto de circunstancias más amplias. Reclama que su obra echará “una luz verdadera” sobre los sucesos que llevaron a la creación de una patria para los haitianos. Divide su obra en un periodo francés (1789-1803) y uno haitiano (1803-1843). Ardouin evidencia sus fuentes, que para el periodo francés son documentos y la obra de Garran de Coulon y, para el periodo haitiano, de nuevo documentos, así como los testimonios de muchos contemporáneos que vivieron los acontecimientos después de la independencia.
Pamphile de Lacroix, a quien hemos usado como fuente para analizar la expedición de Leclerc, puesto que participó en la misma, denominó su obra en dos volúmenes “Memorias para servir a la historia de la revolución de Santo Domingo”. Su historia inicia en 1789 con las primeras manifestaciones de descontento entre la población blanca frente a la metrópoli y termina con la muerte de Leclerc. Entre sus fuentes menciona los “archivos de Toussaint Louverture” que pudo conocer en Puerto Príncipe, después de quedar herido en una pierna y tener que guardar reposo. Hace hincapié en que dejó estos documentos intactos e indirectamente deja saber que los salvó de ser quemados. Dice que remitió al general Leclerc muchos documentos “curiosos”, cuya difusión añadirían interés a sus relatos. Si estos documentos forman parte de la herencia del general, dice, podrán ser conocidos un día, llamarán la atención y “harán enrojecer a la política”. Con esta expresión hace una crítica velada a las autoridades metropolitanas que, antes de la revolución, no dieron autonomía alguna a la colonia lo que, en su opinión, hubiera podido salvarla y mantenerla en poder de Francia. Lacroix hace hincapié en que su relato permitirá el “conocimiento exacto” de los sucesos y con ellos su obra puede ser “útil al gobierno para pensar mejor en el futuro sus acciones frente a Haití” (Lacroix, 1819, vol. 1: 2-4). Entre sus fuentes, el autor cita, en nota a pie de página, libros publicados en años anteriores a sus Memorias, entre ellos la obra de Garran Coulon, M. Dalmas (por Antoine Dalmas), Bryan Edwards, además de decretos, procesos verbales, cartas, entre otros documentos y, lo más importante, sus propias notas, que tomó durante los 10 meses que participó en la campaña de Leclerc.
También la primera parte del libro Seconde Campagne de Saint Domingue de Lemonnier-Delafosse, denominada “Souvenirs Historiques et succincts de la Première Campagne” es el testimonio de un participante en la empresa militar, enviada por Napoleón Bonaparte. En su obra, el autor relata las dos campañas francesas a la isla de Santo Domingo, la de Leclerc y la de Jean – Louis Ferrand quien gobernó la parte este de la isla hasta que los españoles retomaron el control sobre la colonia en 1809. Tanto la obra de Lacroix como la de Delafosse fueron publicados en forma de libros, precedidas por prefacios e introducciones, contienen índices pormenorizadas, anexos y glosarios.
Los objetivos de las obras historiográficas seleccionadas que se publicaron en las tres décadas posteriores a la independencia de Haití, son muy variadas: Para las obras anglosajonas predomina el interés de contribuir a la difusión de la historia del país que constituyó un caso excepcional en la primera mitad el siglo XIX, por su enorme importancia económica como colonia francesa, primero, y, segundo, por su inaudita revolución social y política encabezada por esclavos y exesclavos que llevaron al país a la independencia, la segunda después de la de Estados Unidos. Los objetivos de las Memorias del barón de Pamphile de Lacroix quedan explicitados en el mismo título. Le interesa contribuir a la historia de la revolución de Santo Domingo. Lemonnier–Delafosse escribe una obra autobiográfica, su ascenso de simple marinero a oficial, su prisión bajo los británicos y su participación entre las tropas de ocupación francesas de la colonia española hasta 1809.
INTERPRETACIONES DEL SIGLO XX Y XXI DE LA EXPEDICIÓN
La correspondencia de Leclerc desde la salida de la flota en diciembre 1801 y la de Toussaint hasta su arresto y deportación en junio de 1802 ha informado a importantes interpretaciones de la expedición y de la lucha contra ella hasta la deposición de las armas por parte de los demás líderes negros y su renovada participación a partir de agosto del mismo año. Tomo en cuenta para este trabajo las obras de los siguientes autores del siglo XX y del actual que han marcado las visiones sobre esta etapa de la lucha por la independencia de Haití, así como sobre la política colonial de Napoleón Bonaparte. Inicio con la interpretación del autor trinitario C.L.R James, quien en los años treinta del siglo XX, escribió una historia con un enfoque marxista-leninista. A continuación, interrogaré a varios autores en relación a algunos temas que me parecen ser esenciales para conocer esta etapa de la historia europea y americana.
Una de las primeras interpretaciones del siglo XX del proceso de independencia de Saint-Domingue y la política francesa hacia la colonia, es el libro de C.L.R. James Los jacobinos negros. Toussaint Louverture y la revolución de Haití (primera edición de 1938 y traducción al español de 2003) Cartas del general Leclerc; correspondencia de Louverture, documentación de archivos franceses y fuentes impresas coetáneas respaldan su investigación. James ve en los errores cometidos por el general negro1 un factor importante para que Leclerc avanzara al interior de la colonia desde varias ciudades - puerto, muchas de ellas destruidas por los incendios provocados por los mismos líderes de las tropas coloniales, llamadas también tropas negras por su composición étnica. Las medidas excesivamente estrictas para mantener a los antiguos esclavos, ahora llamados cultivadores, en las plantaciones de su adscripción; horarios de trabajo similares a los de los tiempos de esclavitud; la represión violenta de una insurrección y matanza de blancos en el Norte, apoyada por Moïse, sobrino de Toussaint, y el fusilamiento del mismo; las medidas para atraer a los plantadores blancos que habían abandonado la colonia y el tratamiento muy favorable a los que se habían quedado, todo ello restó popularidad al gobernador,2 opina James. Toussaint no escatimaba con acciones represivas hacía los cultivadores con tal de volver a alcanzar altos rendimientos de producción de café, añil, y en lo posible azúcar, cuyas ventas en el exterior le aseguraban ingresos para defender la autonomía, quizá independencia del país, como sostiene James. Sin el apoyo suficiente por las masas, ni de sus principales líderes, Toussaint negoció una tregua con Leclerc y se retiró a una de sus plantaciones de donde poco después fue atraído a una trampa por el general francés Brunet, tomado preso y llevado a Francia donde, después de un poco menos que un año, murió en un calabozo frío y húmedo en el fuerte Joux, en el Jura francés, sin haber recibido juicio alguno. Después de la muerte del general Leclerc en noviembre de 1802, su sucesor, General Donatien Marie Joseph de Rochambeau, prosiguió la guerra, pero tuvo que capitular y abandonar la isla con los restos de su ejército en noviembre de 1803.
Los aspectos que trató James en su libro mencionado fueron incorporados en los análisis de los demás autores mencionados. En sus relatos se tratan los siguientes temas: los motivos de Napoleón Bonaparte para enviar un ejército expedicionario bajo el mando de su cuñado a Saint-Domingue; los errores cometidos por él y el comandante general, que eran en parte la causa del fracaso de esta empresa naval y militar; los autores mencionados también critican los errores cometidos por el gobernador de la isla, Toussaint Louverture, que no permitieron un rechazo exitoso de la “invasión”; el papel que jugaron el clima, las enfermedades, la geografía de la isla en la guerra que se prolongó por veintiún meses; y añadiré un tema que menciona Laurent Dubois en su libro de 2004, y que Philippe Girard desarrolla en un artículo de 2005, que es la falta de motivación de los soldados franceses enviados a la colonia en 1802-1803, sus dudas sobre su papel en esta guerra que alcanzó por momentos los horrores de una guerra de exterminio.
Con respecto a los motivos de Napoleón Bonaparte para enviar el ejército expedicionario den 1802, James Ott, en su libro de 1973, trató este tema ampliamente, proponiendo una primera gran explicación de los proyectos imperiales que desarrollara Napoleón como integrante del Directorio y después como Cónsul y Primer Cónsul francés. La derrota de la Armada francesa en aguas de Egipto por Gran Bretaña en 1799 frustró el plan de erigir un imperio en el cercano oriente y norte de África, opina Ott, un fracaso que, todavía en tiempos del Directorio, hizo volver los ojos de Bonaparte a América, donde Francia poseía varias Antillas y una de las Guayanas, y le fue devuelto la Luisiana por España en 1800.3 Según Thomas Ott, Bonaparte buscó recuperar el comercio con Saint-Domingue en el que comerciantes estadounidenses habían ganado terreno frente a los franceses (muchas provisiones venían de Estados Unidos y Toussaint Louverture había creado sólidos nexos entre la colonia francesa y el país vecino, donde compraba provisiones y armas (Ott, 1973: 143). Saint-Domingue debía ser el “corazón económico” (Ibid.) de un eventual imperio occidental de Francia en América, en el que la Luisiana con Nueva Orleans constituiría una región importante de aprovisionamiento; Guadalupe, Martinica – recuperada de los ingleses en 1802 por el Tratado de Amiens– como productores secundarios de azúcar y otros productos; y la Guayana francesa como proveedora de ganado y otros suministros necesarios para hacer marchar las economías de las islas. Esta idea se encuentra ampliamente desarrollada en Dolores Hernández quien muestra que el Primer Cónsul buscaba, además, incluir las Floridas en su proyecto imperial pero que Carlos IV, rey de España, no accedió a la solicitud (Hernández, 1997). Ott, en cambio, expresa dudas con respecto a la existencia de planes en este sentido (Ott, 1973: 143 y 145). Sostiene que Bonaparte sí tenía en mente regresar la colonia a su papel de principal productor de frutos tropicales cuyas ventas en Europa habían contribuido de manera importante al superávit comercial francés antes de 1789. Para lograr ello, la reintroducción de la esclavitud parecía necesaria.
En uno de sus trabajos, el gran especialista en el estudio de la revolución haitiana, David Geggus, analiza la versión de Pierre Pluchon sobre la expedición de 1802. Según este autor, la invasión encabezada por Leclerc, era el último recurso de restaurar el gobierno francés y no “un ejercicio de megalomanía vengativa” (Geggus 1994: 150) Según Pluchon, Napoleón era un pragmático quien buscaba inicialmente cooperar con Toussaint, pero que se vio obligado a derrocarlo dadas las manifestaciones independentistas de éste. Siempre según Pluchon, Napoleón no tenía ningún compromiso de restaurar la esclavitud y lo hizo meses después de la salida de la expedición. “Esta pieza radical de revisionismo ha sido desafiada por los haitianos Claude y Marcel Auguste y sigue siendo un tópico acaloradamente controversial”, opina Geggus (Ibid.).
Según Laurent Dubois, Napoleón tenía una actitud ambivalente frente a la esclavitud (Dubois, 2005: 256); estaba dudando sobre la conveniencia de restablecerla en Saint-Domingue, estaba dispuesto a instaurar “un régimen de compromiso a fines de 1801”, pero cuando supo que Toussaint estaba oponiendo resistencia a Leclerc en 1802, se inclinó hacía su restablecimiento (Dubois, 2005: 259). Quizá, arguye Dubois, la decisión fuera tomada antes, en discusiones verbales con Leclerc, sin huella escrita.
Dolores Hernández, en su importante obra en español sobre el tema de la política napoleónica hacía Saint Domingue, cita dos textos del Primer Cónsul que muestran su ambivalencia hacía el tema de la libertad en las colonias. En un discurso pronunciado ante el Consejo de Estado el 16 de agosto de 1800, Napoleón se preguntaba si era “bueno abolir la libertad en la parte libre de Saint Domingue”. Pensaba que los cultivadores (como se les llamaba a los exesclavos) producían quizá menos azúcar que en tiempos de la esclavitud, pero el manejo de las armas los hacía soldados muy útiles a la República. Se reservaba el derecho de “flexibilizar y de limitar la esclavitud” donde la mantendrá, como en la parte este de la isla, y de “restablecer el orden y de introducir la disciplina, ahí donde yo mantendré la libertad” (Hernández, 1997: 108). En cambio, en la proclama de noviembre de 1801, asegura a la población de Saint Domingue que “cualquiera que sea vuestro origen y vuestro color, ustedes son todos franceses, libres e iguales ante Dios y ante la república” (Hernández, 1997: 109).
Basándose en el testimonio del abolicionista británico James Stephen, así como en la obra de Pierre Pluchon, Dubois dice que Bonaparte nombró a Toussaint capitán general de Saint Domingue, pero que, después de que éste ocupara la parte este de la isla sin su autorización expresa, le quitó este título y “lo eliminó de la lista de los que había que mantener como oficiales” en la colonia (Dubois, 2005: 253). Bonaparte juzgaba la constitución louverturiana, escribe Dubois, “como un ataque a la autoridad y dignidad de la República” (Dubois, 2005: 257). Sobre el tema del acuerdo entre Gran Bretaña y Francia para el envío de un ejército numeroso a Saint Domingue, se basa también en Stephen quien pensaba que convenía frenar el poder de los negros en la isla, ya que un gobierno de estos, legitimado por Francia, afianzaría el poder de la República en el Nuevo Mundo con consecuencias “incalculables” para Gran Bretaña, puesto que Francia podía aprovechar las mosquetas de los “negros” armados para invadir otras colonias en las Antillas (Dubois, 2005: 260). Dubois comenta también las instrucciones que recibiera Leclerc del Primer Cónsul: El nuevo capitán general debía poner a Toussaint y sus generales ante la disyuntiva de someterse conservando sus grados militares o ser declarados traidores. La instrucción secreta era deportar a todos que tuvieran grados militares superiores y dejar en la colonia sólo militares “negros” con gado de capitán.
Sobre el fracaso de Toussaint de oponer una resistencia exitosa al ejército de Leclerc, Carolyn Fick opina que el gobernador no tenía el control sobre la situación (Fick, 2000: 213). Subraya que Christophe resistió al principio con gran energía, al sacrificar El Cabo a las flamas con el fin de evitar la entrega de esta rica y próspera ciudad a los franceses que, suponía este general, tenían intenciones hostiles al presentarse en las aguas del puerto. En cambio, según la autora, Toussaint juzgó mal las intenciones de la expedición, no vislumbraba el plan de quitar la libertad a medio millón de negros, pensaba que más bien su fin era quitarle el poder que había acumulado. Para Fick es poco comprensible que el gobernador, “tan astuto y certero en el pasado” no mostrara suficiente perspicacia para juzgar adecuadamente la situación. Además, observa, estaba ocupado en consolidar su poder, al mismo tiempo que alienaba a los cultivadores negros, sometiéndolos a condiciones de trabajo muy duros al imponer su reglamento agrario. Tampoco contaba con el apoyo de los mulatos vencidos en la llamada guerra del Sur de 1799 (Fick, 2000: 211-214).
Pero tampoco los objetivos de la expedición se lograron. Después de éxitos iniciales, diversos factores llevaron a su fracaso. Phillippe Girard, (Girard, 2005) ofrece una interpretación novedosa de la expedición y de las causas de su fracaso. Según este autor, los soldados franceses que venían en la expedición, percibían los fines de ésta como pertenecientes a la Francia del Antiguo Régimen, del mercantilismo con sus instituciones, como la esclavitud, sus desigualdades y opresión. Estos jóvenes y “valientes” oficiales habían luchado en los campos de batalla de Europa, y obtenido victorias en defensa de la República. Buscaban promociones rápidas y riquezas. La atracción de lo exótico, los motivaba, no victorias militares. Girard subraya el papel de la isla con su clima cálido, sus riquezas, una flora desconocida, mujeres sensuales, en la imaginación de estos oficiales y soldados, inspirados por el romanticismo. Por otra parte, “todos los documentos apuntan hacia una descomposición general de la moral francesa”, opina Girard (Girard, 2005: 69).
Métral describe en su obra publicada en 1825 la atmósfera apocalíptica que reinaba entre los integrantes de la expedición: oficiales y soldados sólo buscaban la voluptuosidad y el placer, escribe, en medio de los estragos que causaba “la peste” de la fiebre amarilla. La muerte estaba en todos lados, ya no se hablaba de gloria en los combates; “el corazón de los soldados había quedado helado” (Métral, 1985: 111); ya no había disciplina militar, el soldado tenía la misma autoridad que el general y a cada general sólo reconocía su propia autoridad (Ibid.)
Girard hace alusión a la “violencia racista” del general Rochambeau que sólo el líder negro Jean Jacques Dessalines podía igualar en el campo contrario. Pero su antecesor tenía en mente proyectos no menos violentos: Estremece una cita que reproduce Girard de una carta de Leclerc al Primer Cónsul que es un llamado al genocidio de la población negra: “[…] Debemos destruir todos los Negros en las montañas, hombres y mujeres, conservando sólo niños menores de doce años; debemos destruir también la mitad de ellos en la planicie y no dejar un solo hombre de color que haya portado una charretera. Sin eso la colonia nunca estaría en calma” (Girard, 2005: 68).
VISIONES CONTEMPORÁNEAS Y DE LAS DÉCADAS POSTERIORES A LA INDEPENDENCIA HAITIANA
Propongo analizar las obras mencionadas en la introducción de este texto, a partir de las siguientes preguntas: En opinión de los observadores contemporáneos, ¿qué objetivos perseguía Napoleón Bonaparte con la expedición? ¿Cuál es el relato de su desarrollo y a cuáles causas se atribuye su fracaso?
Existe coincidencia entre los autores que el objetivo principal de Bonaparte era recobrar el control sobre la colonia más importante que tenía Francia en América, y regresarla a su excepcional productividad que la caracterizaba antes del estallido de las conmociones sociales en 1789. Retomar el control sobre la colonia, significaba limitar el poder del gobernador y comandante general de las tropas coloniales, Toussaint Louverture. El comerciante ingles James Franklin especifica los siguientes factores que en su opinión influían en la decisión de enviar una gran fuerza militar a la isla antillana: las presiones de los antiguos plantadores que habían huido a Francia después de 1791 y buscaban el regreso al status quo anterior a la revolución de esclavos, sobre todo a través de la re - institución de la esclavitud que, sostenían, garantizaría de nuevo una gran productividad de la colonia. Otro argumento que aduce Franklin es que Napoleón buscaba empleo para sus grandes ejércitos para que “ganasen nuevos laureles y se hicieran aún más estimados por el pueblo.” (Franklin, 1970: 131).
Pamphile de Lacroix subraya también el objetivo de quitar el poder a Toussaint Louverture quien, en opinión del Primer Cónsul, estaba actuando con demasiada autonomía. Había ocupado la parte este de la isla (enero de 1801) y proclamado una constitución para la colonia (junio de 1801) sin su autorización. Toussaint envió el documento impreso a Francia, a pesar de que el jefe de brigada Vincent, quien lo debía entregar, criticara este gesto de soberbia y opinara que el envío del documento en manuscrito hubiera sido lo correcto (Lacroix, 1819, t. 2: 27). Vincent llegó a Francia en el momento de la firma de los preliminares del Tratado de Amiens (1 de octubre de 1801), cuando el Primer Cónsul se estaba asegurando por la vía diplomática de la no intervención de Gran Bretaña, en caso de enviar a las Antillas fuerzas navales y militares de gran envergadura, cuyos preparativos efectivamente iniciaron en otoño de 1801. Lacroix relata que Vincent tuvo el valor de decir la primer Cónsul que veía con dolor que éste iba a poner en manos de Inglaterra y del clima de Saint Domingue la marina de Francia y la élite de sus tropas. Napoleón, temiendo la influencia de estas observaciones, desterró a Vincent a la isla de Elba. “Los acontecimientos no hicieron que justificar demasiado la justeza de las preocupaciones de este oficial.” (Lacroix, 1819, t. 2: 32) El general francés añade otro factor que motivó a Bonaparte a enviar una expedición a Saint – Domingue: regresar al comercio a manos de los franceses ya que Toussaint había empezado a comerciar con Estados Unidos cuyos comerciantes llegaban a la colonia sin restricciones, compraban café y otros frutos a cambio de la venta de armas y provisiones.
Lo que quedaba ambiguo y las fuentes consultadas lo subrayan es si el regreso al estado de la colonia anterior a 1789 se iba a hacer con o sin la restauración de la esclavitud. No existe ningún indicio claro de que Napoleón Bonaparte haya dejado la instrucción de reinstalarla. Pero la población en general de Saint – Domingue y sus líderes lo temían, lo sospechaban. Todos los autores consultados, fuentes e interpretaciones posteriores, manifiestan esta duda. El inglés James Barskett cita una carta de Louverture al comandante de Jérémie en la que dice: “Los blancos de Francia y de la colonia unidos quieren quitarnos nuestra libertad. Muchos barcos de guerra y tropas han llegado y tomado posesión del Cabo, Puerto Republicano y Fuerte Libertad.” (Barskett, 1824: 135-136)4 William Woodis Harvey, por otra parte, no duda que el objetivo verdadero de la expedición era la reducción “de los negros de nuevo a la esclavitud” (Harvey, 1827: 13), una opinión que también comparte James Franklin quien añade que el Primer Cónsul quería entregar la colonia a sus antiguos propietarios por la fuerza, “eso se debía a su espíritu marcial”, opina, “por lo que no intentó la negociación”. (Franklin, 1970: 18) En sus cartas al Primer Cónsul, Leclerc expresaba su preocupación de que la información sobre el tema se discutiera en la prensa parisina. Todas estas noticias circulan también la colonia, decía, y agitan mucho a los ánimos. Para el historiador haitiano Thomas Madiou, las manifestaciones de Bonaparte de que la libertad era un bien de los habitantes de Saint Domingue que nadie les podía quitar, eran expresiones de la “perfidia” del Primer Cónsul quien “había ya decidido el restablecimiento de la esclavitud (Madiou, 1985, t.2: 141).
Sobre el número de hombres que salieron de Francia en la expedición se tienen las siguientes cifras de Lacroix y Lemonnier-Delafosse. El primero escribe que en diciembre de 1801 se reunieron en el Golfo de Gascogna 54 barcos que transportaban 10 500 combatientes, además de los tripulantes. Delafosse calcula 7 000 hombres que subieron a la flota en Brest, 1 200 en Lorient y 3 000 en Rochefort, un total de 11 200 combatientes. Además, añade la cifra de 21 000 marineros y 15 645 colonos y comerciantes europeos que siguieron a la Armada en barcos de comercio con cuyas tripulaciones el número total ascendía a 58 545 hombres (Lemonnier-Delafosse, 1846: VIII). Ambos autores son testigos oculares de la expedición y participaron en ella desde su reunión en puertos franceses; coinciden en varios puntos sobre los problemas que se presentaban desde el inicio. A diferencia del experimentado general, Delafosse inició su carrera con la expedición, desde los peldaños más bajos, como novicio y timonero. Cruzó por primera vez el paralelo del Trópico de Cáncer, recibiendo el “bautismo tropical”, una ceremonia organizada por los marineros para los miembros de la tripulación que bajaban por primera vez a estas latitudes. Los dos testigos hacen hincapié en el retraso de quince días con el que salió la flota de Francia, atribuible en gran parte, según ellos, a que Pauline Bonaparte, esposa del comandante general, tardara en reunir su vestuario. Bonaparte envió a su hermana en la expedición para que estuviera presente en los festejos del triunfo sobre Toussaint Louverture, sus generales y las tropas “negras” de la colonia. El Primer Cónsul y sus estrategas estaban seguros de vencer en muy poco tiempo una posible resistencia a la llegada de tropas francesas.
Tanto Lacroix como Delafosse critican que se habían cometido errores en la planificación y ejecución de la expedición. Ambos sostienen que el almirante Villaret - Joyeuse hubiera tenido que ajustar las instrucciones de Napoleón en el transcurso de la navegación a las condiciones del momento, en lugar de seguirlas ciegamente. Los fuertes oleajes y vientos desfavorables en los mares en los que se reunían las decenas de embarcaciones en Francia y en el punto de llegada, al este de la isla La Española, cerca del Cabo de Samaná, impedían una acción rápida por lo que se perdió el efecto sorpresa que se quería tener al iniciar el desembarco de tropas en las costas norte de Saint Domingue. Haber cambiado el punto de reunión a las islas francesas de Barlovento, hubiera permitido llegar a la colonia sin que Toussaint y su gente hubieran tenido tiempo de hacer preparativos de defensa (Lemonnier-Delafosse, 1846: 32). En cambio, al aparecer la flota a la altura de Samaná, Toussaint, quien se había trasladado a esta parte de la isla, pudo observarla, ver su enorme tamaño y exclamar: “tenemos que perecer, la Francia entera viene a Saint Domingue; le fuimos infiel, ella viene para vengarse y esclavizar a los negros” (Lacroix, 1819, t. 2: 63).
Delafosse relata que se planeó la ocupación de la colonia a partir de cuatro desembarcos comandados por los siguientes generales: Kerverseau desembarcaría en Santo Domingo; Boudet en Puerto Príncipe, Leclerc en El Cabo y Rochambeau en Fort Dauphin. De los líderes “negros” que encabezaban las tropas coloniales, el autor menciona a Dessalines quien comandaba el Sur y Oeste, Maurepas en el Norte, Christophe en El Cabo, Paul Louverture, el hermano de Toussaint, en el Este (Lemonnier-Delafosse, 1846: 32-33). En una primera etapa del desembarco y ocupación de la isla por las fuerzas francesas, las fuentes consultadas resaltan un éxito aparente, aunque con un inicio difícil, por lo menos en el Norte de la colonia. James Franklin hace una dura crítica a los franceses, “Rochambeau tan ruin”, escribe, atacó y masacró a cientos de “negros” que lo iban a recibir en Fort Dauphin porque pensaban que las tropas llegadas de Francia venían con intenciones amistosas, lo que Leclerc hizo creer en su primera proclamación. “En su verdadero estilo gasconiano de invectiva y amenaza”, observa Franklin, el comandante de la expedición aseguraba que no venía para quitar la libertad a los habitantes de la isla, pero que, en caso de resistencia, iba a declarar a los líderes fuera de la ley y tratarlos como tales (Franklin, 1970: 135-139).
Henri Christophe, comandante de El Cabo, decidió evacuar e incendiar la ciudad – puerto, antes de que las tropas francesas pudieran ocuparla. Leclerc y sus fuerzas entraron a los restos humeantes de esta bella ciudad. La táctica de quemar los lugares que los franceses estaban a punto de tomar, se repitió a lo largo de la guerra que estalló después de los sucesos de febrero de 1802, entre el ejército “invasor” y las tropas coloniales – Lacroix calcula su número en 20 000 - al mando de los generales “indígenas”.5 Se tomó la decisión de arrasar todas poblaciones de las costas para no dejar recursos a las fuerzas francesas, mientras que la población que no portaba armas tenía orden de retirarse a las montañas del interior.
Para el Beaubrun Ardouin el incendio de El Cabo era una tragedia, pero, dice, este acto era la muestra más palpable de resistencia a las fuerzas invasoras, lo que eran en los ojos de la historiografía haitiana (Ardouin, 1853, t. 4: 31-32). Thomas Madiou describe la evacuación y el incendio de El Cabo con palabras llenas de dramatismo. “Las mujeres, los niños, los enfermos, los heridos, revueltos y desesperados, cargados de sus objetos más preciosos, salieron en tumulto de la ciudad, seguidos de la guardia nacional y de la municipalidad (Madiou, 1985, t.2: 142) “[…] humo espeso se remolinaba en los aires, y el fuego, después de haber devorado un barrio, se extendía sobre nuevas presas, se enredaba alrededor de ellas y las devoraba” (Madiou, 1985, t.2: 142). Según este autor, toda la población que había abandonado la ciudad regresaba con gritos de alegría al ver desembarcar a los franceses que llamaban sus “libertadores” (ibid). Con ellos desembarcaban numerosos mulatos como “los Rigaud, los Villate, los Léveillé, los Pétion, los Boyer, los Belley, los Dupont, los Ludué, los Quayer-Larivière y una cantidad de otros indígenas que se habían visto en la necesidad de huir de Saint Domingue después de la caída de Rigaud” (Madiou, 1985, t.2: 143). Todos ellos eran enemigos personales de Toussaint y venían para combatirlo, pero, prosigue Madiou, como el gobierno francés tenía el “pensamiento oculto de restablecer la esclavitud”, temía su influencia y dio la orden a Leclerc de enviarlos a Madagascar si Toussaint se sometía sin resistencia “porque entonces no necesitaba ni de su valentía ni de su conocimiento del país (Ibid.). Madiou añade un nuevo elemento a la discusión del tema. Al desembarcar los franceses para ocupar Puerto Republicano, la población, sobre todo los colonos esperaban las tropas europeas como un ejército libertador; para ellos el gobierno supremo de un negro (noir) de la colonia significaba una humillación (Madiou, 1985, t.2: 146). El padre Lecun, prefecto apostólico y párroco de la ciudad, exhortaba a las mujeres de recibir a los franceses como hermanos. “También el director del arsenal, un blanco, era todo devoto a los franceses y una gran parte de los negros y los mulatos que no creían a los defensores de Toussaint quien decía que Leclerc había venido a restablecer la esclavitud. En todos lados se estaba convencido que los franceses venían no para restablecer la esclavitud sino para poner fin al despotismo de Toussaint. Todos los habitantes creían en la magnanimidad de Francia, habían cruelmente sufrido bajo el gobierno de Toussaint (Madiou, 1985, t.2: 147).
Según Ardouin era Christophe quien obligó a Toussaint a la resistencia. Este autor manifiesta en muchos pasajes de su obra una opinión negativa sobre Toussaint, critica su despotismo, sus crueldades y la opresión ejercida sobre la población (Ardouin, 1853, vol. 4: 32). Se encuentran, sin embargo, otros pasajes en los que elogia los logros obtenidos por Toussaint Louverture. Por ejemplo, escribe que “Toussaint dejó al país una organización militar y un sistema de administración civil, financiero y judicial dignos de un gran gobernante”, además de que las instituciones que creó, si bien tenían sus modelos en Francia, fueron aplicados con inteligencia en la colonia. Afirma que Toussaint era un hombre ilustrado quien pensaba que los nativos debían honrar su origen africano pero que debían abandonar las supersticiones, como el vodú (Ardouin, 1853, t. 4: 237).
El primer cónsul británico en el Haití independiente, quien llegó al país en 1825, escribe, basándose, como tantos otros escritores del momento, en información extraída de Pamphile de Lacroix, que Louverture mantuvo una institución militar respetable, que se caracterizaba por una gran disciplina y un “rigor inexorable”, ya que sólo había dos alternativas: obediencia y vida o desobediencia y muerte (Mackenzie, 1830, t. 2: 52).
El desarrollo de la expedición en la colonia forma parte de las narrativas de los participantes, pero también de observadores externos y nacionales posteriores a la independencia del país. La mayoría de las fuentes citan cartas y proclamas importantes que definieron el rumbo de los acontecimientos. James Braskett, por ejemplo, reproduce la carta que dirigiera Bonaparte a Toussaint, misma que le fuera entregada en su propiedad Sancey en el cantón Ennery adonde se le llevaron sus hijos Placide e Isaac que habían venido a la colonia con la expedición. La carta es una pieza maestra de aprobación y amenaza. “Concebimos estima hacía usted y queremos reconocer y proclamar los grandes servicios que ha prestado al pueblo francés. Si sus colores ondean sobre Saint Domingue, es a usted y sus valientes “negros” (“blacks”) que se lo debemos.” […] “La situación en la que usted se encontraba, rodeado en todos lados por enemigos y sin la madre patria para socorrerlo o aprovisionarlo, hizo legítimos los artículos de esta constitución que de otra manera no podrían ser.” Bonaparte continúa diciendo que, en el momento, con la firma de los preliminares del tratado de Amiens (1 de octubre de 1801), las condiciones habían cambiado y que esperaba que Toussaint iba a “honrar la soberanía de la nación” – léase: someterse a Francia y renunciar a su gobierno autonomista -, él que se encontraba entre sus ciudadanos ilustres, prosigue, por sus servicios “y por los talentos y fuerza de carácter que la naturaleza le ha conferido. Una conducta contraria sería irreconciliable con la idea que hemos concebido de usted.” [Una conducta contraria] “abriría un precipicio bajo sus pies y, mientras éste lo engulle a usted, contribuirá también a la miseria de estos valientes “negros” cuyo arrojo amamos y que lamentaríamos tener que castigar por rebelión” (Barskett, 1824: 140).
Leclerc expresa la disyuntiva a la que alude Bonaparte, exigiendo la subordinación de Toussaint, como segundo en el mando, o verse en el papel de enemigo, de “fuera de la ley”, y ser tratado como tal. Los diferentes observadores contemporáneos y escritores de las décadas inmediatamente posteriores a los sucesos describen la guerra que estalló entre las tropas francesas y las coloniales, éstas últimas bajo el comando de Toussaint y sus lugartenientes; se refieren a la temporal tregua durante la cual Toussaint fue traicionado, tomado preso y deportado a Francia donde murió en abril de 1802. De gran interés es la descripción del sitio de la fortaleza Crête - à - Pierrot que las tropas francesas sostuvieron en primavera de 1802, mientras que tropas coloniales defendían la fortaleza desde adentro. El relato que hiciera Lacroix de este suceso como uno de los comandantes del sitio, muestra la terrible confusión de sentimientos que experimentaban los franceses en este momento. Ambos bandos se habían enfrentado en sangrientas batallas, en las que Lacroix pudo “darse cuenta de cuán aguerridos [eran] los negros de Saint Domingue” y que el ejército francés “ya no inspiraba terror” (Lacroix, 1819, t. 2: 161-162). Los sitiadores oían las “canciones patrióticas adaptadas a la gloria de Francia” que cantaban los negros en el fuerte y que causaban un sentimiento penoso entre los soldados franceses. Éstos miraban a sus comandantes y parecían preguntarles: “¿Nuestros enemigos bárbaros tendrán razón? ¿No somos ya los soldados de la República? ¿Nos habremos convertido en instrumentos serviles de la política?” (Lacroix, 1819, t. 2: 164).
Un tema importante en las diferentes narrativas e interpretaciones de la expedición es el del porqué de su fracaso. Las razones que predominan en las fuentes son sin duda el impacto del clima y de las enfermedades, especialmente de la fiebre amarilla, que decimó a las tropas francesas, pero se aducen también otros factores: William Woodis Harvey arguye que los franceses pensaban que los negros, a pesar de que eran superiores en número al ejército expedicionario, no iban a poder resistir a las habilidades, la valentía y la experiencia de los soldados entrenados en campos de batalla europeos (Harvey, 1827: 14). Es decir, en su opinión, subestimaban la disciplina y capacidad de combate de las fuerzas locales. Harvey expresa también una crítica severa a Napoleón y Leclerc, sobre todo por su falta de moral y ética: Sostiene que quitaron a los negros su líder más capaz, quien no podía hacer nada contra “la traición e inhumanidad”. El fin de Toussaint, afirma, “echará para siempre una sombra sobre la página de la historia de Francia. “No puede haber un acto de violencia más bajo e injustificable.” (Harvey, 1827: 16-17) Pero este suceso, prosigue, hizo a los negros “más fuertes y formidables. Encontraban oportunidades de venganza y perpetraban crueldades igualmente grandes [que los franceses]; luchaban por su libertad y veían el único camino por la sangre.” Al final se impusieron, concluye. El estudiante y viajero inglés explica el fracaso de las tropas francesas a la falta de provisiones y una lucha sin tregua; los soldados no podían descansar, opina, además, estaban debilitados por la enfermedad y el clima tropical. Si bien Leclerc tuvo éxito en sus campañas militares iniciales contra las tropas negras, en opinión de Harvey el comandante de la expedición tomó medidas poco atinadas y se atuvo ciegamente a las instrucciones de Napoleón. Había que adaptarlas a las circunstancias de la colonia (Harvey, 1827: 18). También Charles Mackenzie critica las medidas poco juiciosas hacia los oficiales negros y la población local, que llevaron a la defección de un líder tras otro con sus tropas. El general vivió suficientemente, para “atestiguar el entero fracaso de todos sus objetivos.” (Mackenzie, 1830, t.2. 53) Este autor se basa en gran medida en la obra de Pamphile de Lacroix, de la que reproduce la cifra de 62 481 personas muertas del ejército francés “por enfermedad, en batalla y por asesinato.” (Lacroix, 1819, t. 2: 54, la cita se tomó de la nota a pie).
Lemonnier - Delafosse reflexiona pormenorizadamente sobre las causas del fracaso de la expedición y con ello de la pérdida de la colonia. Enumera cuatro factores: “1. La falta de coordinación en la reunión de las divisiones de la escuadra [antes de salir de Francia y al llegar a las aguas del cabo de Samaná]; 2. La ignorancia del carácter de la población negra, de allí tantos errores; 3. La fiebre amarilla que decimó el ejército; 4. La guerra renovada con Inglaterra.” (Lemonnier-Delafosse, 1846: 9) Menciona un quinto factor: la conducta de Leclerc antes y después de su llegada y después la de Rochambeau. Leclerc tenía sus instrucciones que le había dado el Primer Cónsul, pero había que adaptarlas sobre la marcha, opina, ya que eran “inejecutables”. “¿A 180 leguas de la madre patria [Leclerc] debía una obediencia pasiva?”, se pregunta (Ibid.). Había que “hacer concesiones para conservar Saint Domingue a Francia”, negociar con Toussaint, pero lo impedían “el orgullo y la vanidad de los blancos europeos, y sobre todo su desprecio por un negro (“nègre”) quien, rey, ¡sabía todo lo que valía! Sí, este hombre sabía de su poder y se quería que lo negara, él quien después de tantas vicisitudes, era el único que tenía entre sus manos los medios para pacificar la colonia y regresarla a Francia”, concluye Delafosse. Para este autor, con la guerra desatada por Napoleón para recuperar la colonia por la fuerza, había dejado “este cuerpo robusto, este coloso colonial” como “esqueleto” (Lemonnier-Delafosse, 1846: 10).
CONCLUSIONES
En páginas anteriores se analizaron diferentes narrativas de una etapa decisiva en la historia de la revolución haitiana, así como de una importante empresa militar emprendida por Napoleón Bonaparte para recuperar el control sobre su otrora colonia más rica en América. El trabajo se propuso aportar al estudio de la expedición militar encabezada por Victor Emmanuel Leclerc en 1802, algunas nuevas perspectivas que provienen de observadores del mundo anglosajón, donde la historia de Haití despertó mucho interés en las décadas siguientes a la abolición de la esclavitud e independencia política del país. Los autores incorporados al análisis eran viajeros, comerciantes, militares, profesionistas, cuyas visiones sobre la política de Napoleón Bonaparte, la resistencia y/o temporal colaboración de los líderes del ejército colonial de Saint Domingue se analizaron a la luz de autores franceses y haitianos del mismo periodo.
El artículo buscó mostrar que las diferentes narrativas persiguieron objetivos de difusión de la fallida expedición francesa entre lectores de habla inglesa, de discutir las posibles causas del fracaso napoleónico de someter de nuevo la colonia Saint Domingue que estaba en peligro de sustraerse de la autoridad metropolitana. Dichas narrativas hacen hincapié en que Bonaparte, a pesar de todo su poderío militar, no logró vencer a las tropas del llamado ejército colonial, integrado por soldados negros y encabezados por líderes exesclavos de enormes habilidades militares.
Los autores revisados reiteran que, además de los factores de carácter militar, intervinieron otros, como la falta de motivación y confusión entre los soldados franceses sobre qué papel tenían que desempeñar. La falta de provisiones, el clima tropical y la enfermedad mortal de la fiebre amarilla decimaban el número de soldados, 21 900 hombres desembarcados en febrero de 1802, (Lemonnier-Delafosse, 1846: VIII) y hacían necesario sucesivos envíos de nuevas tropas.
Se sostuvo y se buscó demostrar en este artículo que en muchos puntos la crítica de los autores de habla inglesa, la mayoría de ellos provenientes de Gran Bretaña, potencia rival por excelencia de Francia en Europa y en el Caribe, coincide con la de autores haitianos. Ambas posturas se nutrían de un marcado sentimiento anti - francés, mientras que las críticas de los autores franceses se dirigían contra algunos actores y estrategias concretos.
En el trabajo se antepuso a la revisión de fuentes decimonónicas un breve análisis de interpretaciones historiográficas del siglo XX y XXI con el fin de mostrar divergencias y coincidencias entre las diferentes apreciaciones. Un tema ampliamente presente en la literatura inmediatamente posterior a los sucesos, así como en las interpretaciones actuales es el de la reinstauración de la esclavitud en la colonia Saint Domingue. Se analizan documentos, citados en gran parte in extenso por los autores revisados, que muestran la ambivalencia que caracterizaba la decisión de Napoleón Bonaparte con respecto al tema esclavitud / libertad en la colonia. Frente a apreciaciones que expresan dudas sobre las intenciones del Primer Cónsul, por parte de autores franceses del siglo XIX y de la actualidad, las fuentes inglesas y haitianas se inclinan claramente hacia una actitud pro - esclavista por parte de Bonaparte.
Otro tema álgido discutido en fuentes decimonónicas y actuales es la política de Toussaint Louverture, los posibles errores cometidos por el gobernador y comandante general de las tropas coloniales, en la defensa de los derechos adquiridos por la población negra de la colonia, errores que permitieron al comandante de la expedición napoleónica conseguir victorias iniciales. Llaman la atención las críticas formuladas por dos grandes historiadores haitianos, ambos mulatos, a la figura y política de Toussaint Louverture. Sin duda interviene aquí la llamada “cuestión de color”, es decir, las relaciones frecuentemente tensas entre mulatos y negros que han marcado la historia decimonónica de Haití. Sin embargo, hay que rescatar y se hizo hincapié en el trabajo que tanto Thomas Madiou como Beaubrun Ardouin elogiaron la creación de un ejército disciplinado y de gran fuerza de combate, por el gobernador de la colonia.
Finalmente, me parece importante subrayar el impacto del proceso de independencia de Haití en el ámbito internacional durante la primera mitad del siglo XIX. Quién mejor expresa este impacto, es William Woodis Harvey: “[El país] nos presenta la imagen de un pueblo recientemente liberado de la esclavitud, pero todavía sufriendo y teniendo marcado su carácter por sus efectos perniciosos y desmoralizantes; [un país que] deja gradualmente las escenas de derramamientos de sangre y confusión para tomar hábitos de industria, paz y orden; encaminado, entre frecuentes reveses, a establecer un gobierno regular e independiente, […] mejorar la agricultura, reconstituir una población exhausta, formar conexiones comerciales, e introducir conocimientos de artes y ciencias[…].” (Harvey, 1827: vii-viii).
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1 Utilizamos las distinciones étnicas tal como se usaban durante el periodo colonial de Haití, al igual que después de su independencia. Según ellas se hablaba de negro(s), mulato(s) y blanco(s). En inglés el primero de los apelativos aparece en las obras consultadas como black; en francés como noir.
2 Toussaint Louverture fue nombrado comandante general del ejército colonial en 1797 y gobernador general de la colonia en 1800.
3 La Luisiana fue colonizada por los franceses en el siglo XVII; era un territorio de grandes extensiones, cuyos límites occidentales no se conocían con exactitud y que tenía al Mississippi como principal arteria de comunicación y Nueva Orleans, cerca de la desembocadura de este río, como puerto estratégico. En el Tratado de París de 1763, que puso fin a la guerra de los Siete Años, Francia cedió la posesión a su aliada España que, a causa del Tercer Tratado de Familia (de los Borbones) dec1761, se veía involucrada en este conflicto que terminó con la derrota de ambas potencias y la victoria de Gran Bretaña.
4 En francés Le Cap, Port – Républicain (Port – au - Prince) y Fort Liberté (Fort Dauphin).
5 Adjetivo que las mismas tropas coloniales y sus generales adoptaban para remarcar su papel de defensores de tierras de los que se empezaban a percibir como legítimos dueños. Lacroix observa que estas tropas eran compuestas casi enteramente por hombres “negros” (“noirs”), sólo un millar de hombres de color había entre ellos y entre 500 y 600 blancos que venían de los batallones y cañoneros europeos que habían llegado a la colonia seis años antes (Lacroix, 1819, t. 2: 67). Harvey calcula también en 20 000 el número de las tropas coloniales y sólo en 250 el de blancos que era “un remanente de los batallones que había en años anteriores”.