
Mario Lozano Alonso
Universidad Eclesiástica San Dámaso, Madrid, España

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La obra Somalia y la Guerra Fría del profesor Pablo Arconada Ledesma es el fructífero resultado de su tesis doctoral. Integrante del grupo de especialistas en África subsahariana formados en la Universidad de Valladolid, en este primer libro detalla con rigor las relaciones internacionales de la república somalí desde su independencia hasta el estallido de la guerra civil en 1991. Lejos de caer en lecturas simplistas, Arconada subraya en todo momento que son las dinámicas locales —especialmente el pansomalismo— las que explican el devenir del país durante ese periodo, aunque sin restar importancia al contexto global de la Guerra Fría en momentos determinados.
El libro se organiza en dos partes: la primera analiza el periodo comprendido entre la independencia somalí (1960) y la llegada al poder de Siad Barre (1969), correspondiente a la etapa republicana; mientras que la segunda se centra en el mandato de dicho autócrata hasta el inicio de la guerra civil, que aún permanece activa.
La primera parte consta de seis capítulos. El primero ofrece un necesario contexto histórico continental y regional, con especial atención a las dinámicas históricas del Cuerno de África. A continuación, el segundo capítulo aborda el desarrollo del nacionalismo somalí, poniendo el foco en el irredentismo que afecta a todos los vecinos de la actual Somalia. También explora cuestiones antropológicas complejas como la tradicional organización somalí en clanes y subclanes, y su influencia en la política de la joven república. Por su parte, el tercer capítulo examina el desarrollo político de Somalia en su primera década independiente, durante la cual logró establecerse como una democracia multipartidista. No obstante, Arconada analiza con acierto las dificultades que afrontó dicho sistema, como la influencia de los clanes en los partidos políticos o la corrupción, que terminarían llevando al país por la senda del autoritarismo.
Los tres capítulos siguientes se dedican a la interacción del régimen republicano somalí con sus vecinos, muy condicionada por la cuestión irredentista, los conflictos armados y la mediación de la Organización para la Unidad Africana (OUA), aspecto que el autor examina con notable solvencia. Así, el cuarto capítulo se centra en las complejas relaciones mantenidas con Etiopía, deteniéndose en las causas y consecuencias de la I Guerra del Ogadén (1964). El quinto analiza las relaciones diplomáticas con Kenia, que desembocaron en la guerra de Shifta (1963-1967) y su posterior normalización. Finalmente, el sexto capítulo aborda la situación de Yibuti durante su etapa colonial, poniendo el foco en el contencioso etíope-somalí en torno al futuro del territorio ante la descolonización francesa, dado que Etiopía temía una posible anexión por parte de Somalia. Este capítulo representa una de las principales aportaciones de la obra, al tratar un tema escasamente estudiado.
La segunda parte se ocupa de las relaciones regionales bajo el régimen de Siad Barre (1969-1991), replicando la estructura de la primera. El séptimo capítulo presenta las características fundamentales del nuevo régimen dictatorial; el octavo, las relaciones con Etiopía, que en estos años transita desde el imperio de Haile Selassie al régimen comunista del Derg. Arconada se desenvuelve con solvencia al explicar cómo dos regímenes teóricamente afines ideológicamente mantuvieron una relación hostil, tratando de explotar las alianzas tejidas con los diferentes países del bloque soviético. Este aspecto resulta decisivo para entender el desarrollo de la II Guerra del Ogadén (1977-1978), donde la victoria etíope evidenció las debilidades del sistema somalí y forzó el abandono de sus aspiraciones irredentistas. Se analiza también el importante papel de la financiación de guerrillas en suelo etíope por parte de Somalia y la breve guerra fronteriza librada por ambos países en 1982, último conflicto entre ellos y habitualmente ignorado en la historiografía.
El noveno capítulo examina las relaciones entre Somalia y Kenia, destacando la etapa de normalización diplomática entre 1980 y 1991. Por su parte, el décimo capítulo se centra nuevamente en Yibuti, dividido étnicamente entre afar y somalíes, analizando con detalle los intentos de Siad Barre de presionar a Francia y propiciar la anexión del territorio. Esta no se produjo, pues en 1977 Yibuti se convirtió en una república independiente, manteniendo unas relaciones cordiales con Mogadiscio. Arconada expone, además, las maniobras etíopes para desestabilizar Yibuti durante la guerra del Ogadén, apoyando a las facciones afar, aunque este programa fue abandonado tras el favorable desenlace del conflicto para Etiopía. La obra concluye con una breve descripción del conflicto que provocó el colapso del Estado somalí a partir de 1991 y su impacto en las relaciones internacionales regionales.
En conclusión, el primer libro del profesor Arconada constituye un excelente y detallado estudio de las relaciones internacionales somalíes durante las dos primeras etapas de su historia republicana. Aunque la política de bloques de la Guerra Fría tuvo un peso indudable, el autor enfatiza con acierto el impacto del reparto colonial del territorio y el consiguiente movimiento pansomalí como factores determinantes en la política exterior de Somalia en esta época. Por su rigor analítico y por abordar cuestiones escasamente tratadas en la bibliografía, es de esperar que esta obra se convierta en un texto de referencia imprescindible para quienes deseen estudiar las relaciones internacionales en el Cuerno de África.