
The Portuguese Police Model in the African Colonies (1900-1974)
Alberto Rico Sánchez
Universidad Nebrija, Madrid, España
https://orcid.org/0000-0001-5991-8148
Recibido: 16/09/2024
Aceptado: 24/10/2024
DOI: https://doi.org/10.33732/RDGC.16.113
Resumen
A lo largo del siglo XX Portugal adoptó diferentes regímenes políticos que tenían, hasta 1974, entre sus objetivos el mantenimiento de sus posesiones coloniales. Para conservar la soberanía sobre unos amplios territorios ultramarinos, fundamentalmente africanos, era necesario implantar y mantener un modelo policial que garantizase la estructura colonial. Cada sistema policial exigía unas peculiaridades para adaptarse a la realidad de cada sociedad colonial. Se pretenden estudiar aquí, pues, las peculiaridades de cada modelo policial a lo largo del tiempo (monárquico, republicano, y autoritario), las dinámicas de historia social de los diferentes funcionarios policiales tanto europeos como africanos, su espíritu de cuerpo (identidad profesional), así como las relaciones entre cada cuerpo policial y la comunidad donde prestan servicio. Además, brevemente, también se pretende estudiar aquí cómo la realidad bélica afectó a las distintas fuerzas policiales en las colonias portuguesas africanas. Todas estas cuestiones son el punto de partida para el estudio de un proceso histórico que desapareció abruptamente a partir de la revolución portuguesa de abril 1974.
Palabras clave
Portugal, imperio, policía, gendarmería, África.
Abstract
Throughout the 20th century, Portugal adopted different political regimes that, until 1974, had among their objectives the maintenance of its colonial possessions. To preserve sovereignty over large overseas territories, mainly African, it was necessary to implement and maintain a police model that guaranteed the colonial structure. Each police system required peculiarities to adapt to the reality of each colonial society. The aim is to study here, therefore, the peculiarities of each police model over time (monarchical, republican, and authoritarian), the dynamics of social history of the different police officers, both European and African, their esprit de corps (professional identity), as well as the relationships between each police force and the community where they serve. In addition, briefly, it is also intended to study how the reality of war affected the different police forces in the Portuguese African colonies. All these questions are the starting point for the study of a historical process that abruptly disappeared after the Portuguese revolution of April 1974.
Keywords
Portugal, Empire, Police, Gendarmerie, Africa.

Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0. CC BY
Pese a la proximidad geográfica existente entre Portugal y España, el estudio de los cuerpos policiales portugueses resulta perfectible en nuestro país. Este vacío historiográfico se hace especialmente evidente en lo relativo al desaparecido Imperio Portugués. Como sabemos estos dominios comprendían territorios tan dispares como Guinea Bissau, Cabo Verde, Santo Tome y Príncipe, Angola, Mozambique, la India Portuguesa, Macao y Timor Oriental. Entre 1900, última fase de la Monarquía Constitucional, y 1974, inicio de la apresurada descolonización del Ultramar, muchas fueron las fuerzas policiales existentes en aquella administración (Birmingham, 2005: 138-196). Usualmente, cuando pensamos en la figura arquetípica del policía, patrullando día y noche, calles y caminos, dibujamos uno de los símbolos más significativos de la contemporaneidad (Janowitz, 1960: 389-402). Pero este referente metropolitano, propio de los estados-nación, también afectó a la vida cotidiana de las poblaciones colonizadas. Los diferentes institutos armados se iban estructurando a partir de un entramado complejo (Blaney, 2007: 99-111), desplegándose a lo largo de vastos territorios y supervisando el trabajo diario de miles de hombres y, excepcionalmente, mujeres (Pimentel, 2007: 52-72). Junto a todo ello se fue creando, paulatinamente, un espíritu de cuerpo que confería a cada colectividad un sistema de valores diferenciado.
En definitiva, el mantenimiento del orden y la seguridad pública conlleva un proceso histórico de formación de organizaciones policiales, el proceso profesionalizador de sus recursos humanos, así como el desarrollo de una deontología policial específica. Se intenta estudiar aquí, condicionados por las fuentes, este fenómeno más allá de la mera historia política, incluyendo, cuando sea posible, un enfoque propio de la historia social. La policía, también en Ultramar, es una institución situada en el centro del Estado y de la acción de los diferentes regímenes políticos. Difícilmente podemos entender a la policía y sus prácticas sin mirar las dinámicas políticas que dan forma a los cuerpos policiales (Cueto Rodríguez, Rollo, Marques Gomes, 2023a: 13-14).
El período histórico cubierto comprende buena parte del siglo XX, existiendo notables diferencias entre los modelos coloniales propios de la Monarquía Constitucional, la Primera República o el Estado Novo. Hacia 1900 en Portugal se habían asentado ya las bases de un sistema policial formulado hacia 1860 (Palacios Cerezales, 2011: 55-93) y reformulado varias veces hasta 1974. Por tanto, se atiende aquí a los cuerpos policiales de carácter estatal más destacados como la Policía de Segurança Publica (en adelante PSP) que comenzó su andadura, hacia 1867, bajo la denominación de Policía Cívica. También hay que atender a la institución desaparecida denominada Policía Internacional y de Defensa del Estado, renombrada a partir de 1969, Dirección General de Seguridad (en adelante PIDE-DGS). Pero el origen de la policía es objeto de apasionados debates tanto por parte de los historiadores, como también por elementos de las propias fuerzas policiales (Turrado Vidal, 1995: 83-104). El mito de los orígenes medievales de la policía contemporánea es uno de los mitos históricos más presentes, difundido a través de imágenes y representaciones en la cultura policial cotidiana (Alves, 2010: 19-47). También lo es la simplificación maniquea relativa a la elección de un modelo policial representado por el mito del Bobby londinense, con su autoridad emanando de la comunidad, frente al sistema policial francés, altamente centralizado, intrusivo y omnipresente (Jar Couselo, 2000). Estos serían algunos de los ejemplos existentes relativos a los diferentes debates en la historiografía de la policía.
A lo largo del siglo XIX surgieron en Europa occidental diferentes tipos de cuerpos policiales modernos. Así, fueron surgiendo ejemplos como la Policía Metropolitana de Londres, la Gendarmería francesa, los Carabinieri italianos o la Guardia Civil española por citar algunos ejemplos sobradamente conocidos (López Corral, 2009: 23-106). Todas estas instituciones, independientemente de su fuero civil o militar, formaron la base de los actuales sistemas policiales. En cuanto al caso de Portugal, la introducción de la Policía Cívica en contextos urbanos sí se produjo en el siglo XIX, pero hubo que esperar a las primeras décadas del siglo XX, ya durante el periodo republicano, para crear una gendarmería militar nacional. La historia de la policía, como ya hemos señalado, está unida indisolublemente con la historia de la construcción de cada Estado-nación. Así, en el caso portugués habrá que atender a la realidad colonial siempre en relación con la metrópolis. Recordemos cómo en aquella cosmovisión portuguesa el país comenzaba en el río Miño y acaba en Timor. Monárquicos y republicanos pensaban así. La práctica totalidad del espectro político en los diferentes regímenes políticos portugueses consideraban al Imperio como una parte inalienable de la nación. Al menos hasta 1974, los distintos cambios políticos sucedidos en Portugal tuvieron siempre algún vínculo con la realidad imperial. Sin embargo, no se trata tanto de llevar a cabo una historia de la policía en las colonias, como pudiera darse en otros países europeos, sino de comprender cómo la policía colonial fue una parte inherente al colonialismo portugués. De esta manera veremos cómo, desde finales del siglo XIX, y basándose en una nueva lógica de ocupación de territorios coloniales, en el Ultramar portugués los cuerpos policiales estaban relacionados con aquellas instituciones metropolitanas.
Difícilmente puede llevarse a cabo una historia de la policía en Portugal sin incluir la desaparecida realidad colonial lusitana. Por ejemplo, a mediados de la década de 1960, la principal institución de policía urbana en Portugal, la PSP, se convirtió también en la principal fuerza policial en las ciudades del Ultramar portugués. Contando entonces con una plantilla de unos 20.000 miembros, desplegados entre el continente europeo y el africano (Pimentel, 2007: 78-84). Hay que recordar el protagonismo de las Compañías Móviles de la PSP en aquel contexto bélico ultramarino. Cada una de estas unidades de reserva del Cuerpo era destacada en Ultramar temporalmente, desplazándose de manera rotatoria. Este ejemplo puede venir a demostrar los vínculos entre ambos términos de una misma ecuación colonial. Sin embargo, en el Portugal actual, lamentablemente, la policía colonial sigue siendo un tema prácticamente ausente en la historiografía (Cueto Rodríguez, Rollo, Marques Gomes, 2023b: 537-552). La policía ha atraído poco la atención de los historiadores del colonialismo portugués. Sólo la vigilancia política, en el contexto de la resistencia al colonialismo ha merecido cierta atención (Golias, 2017: 124-125).
En las últimas décadas del siglo XIX, el interés europeo por la invasión y el control del continente africano tuvo en Portugal a uno de sus participantes. Esta lucha por África implicó el establecimiento de unas estructuras coloniales entre las que se encontraban distintos cuerpos policiales. Se consagraba así, mediante la presencia efectiva de agentes coloniales, el reconocimiento de la legitimidad colonizadora. En aquel escenario imperialista internacional, el desarrollo de una esfera de la administración colonial designada como policía estuvo íntimamente vinculada con la formación de las economías coloniales contemporáneas. Sin embargo, el aumento de la fuerza policial no se trataba sólo de la definición de unas políticas imperiales. La resistencia por parte de las poblaciones autóctonas, con la formación de los primeros movimientos proto nacionales, así como el pujante proceso urbanizador ejercieron presión sobre las autoridades estatales para desarrollar los primeros cuerpos policiales.
En Portugal, el surgimiento y los contornos de la policía colonial como cuestión de gobierno son problemáticos, ya que, en ocasiones, se utilizaban de forma engañosa. Aunque se piense que existía una centralización institucional en lo policial, esta no existía sinceramente en el heterogéneo conglomerado del Imperio Portugués: pensemos en unos territorios tan diferentes como Guinea-Bissau, Angola, Mozambique, Macao, Goa, o Timor Oriental. Existía, pues, una diversidad de formas de vigilancia colonial, al mismo tiempo que las políticas homogeneizadoras fueron cada vez más evidentes. Paulatinamente, diferentes reformas relativas al aparato colonial darían lugar a una mayor articulación, política y organizativa, entre la policía de la metrópoli y la policía en las colonias.
Hasta bien entrado el siglo XIX, la colonización portuguesa en África se limitaba a unos pocos enclaves costeros dónde la soberanía lusitana era algo casi nominal. Sin embargo, a partir de la conferencia de Berlín de 1884-1885 se consolidó la doctrina de que sólo se reconocería la soberanía de las potencias coloniales mediante la ocupación efectiva de cada territorio. La misión civilizadora de Portugal en este nuevo orden imperial implicó idear estrategias de gobierno casi desde cero, dando forma a un nuevo estado colonial. Aquellas elites portuguesas eran conscientes de la necesidad de instituciones, personal, técnicas y procedimientos administrativos capaces de crear un orden colonial diseñado desde Lisboa, para consolidar el control de territorios y poblaciones. Existía la idea de que estas medidas eran cruciales para el éxito de aquel proyecto colonial. Pronto, los cuerpos policiales se hicieron necesarios para el éxito de la administración colonial. Hacia 1900, el tema policial surgió principalmente en grupos más grandes y en lugares donde hubo mayor proporción de la población blanca o una vida más compleja económica y socialmente hablando. Hay que recordar que, entonces, no hay grandes movimientos de población portuguesa hacia África. Las aglomeraciones urbanas más grandes de estos territorios, como Luanda, normalmente se consideraban más bien destinos turísticos, lugares de destierro para desafectos políticos o focos para la simple actividad comercial. Desde luego, no parecían lugares con una intensa vida social y económica que exigiesen una especial atención de parte del Estado. Y aun cuando eso sucedía, era más común que los colonos actuasen por iniciativa propia y no confiasen en el Estado para resolver sus conflictos. Los colonos, limitados en número entonces, acumulaban puestos comerciales y administrativos restringiendo, casi siempre, el acceso de la población no blanca a posiciones de poder. Estas fueron algunas de las características que guiaron inicialmente la administración colonial portuguesa.
El ejercicio de la autoridad policial siguió las líneas de un frágil o inexistente control desde el poder político central. En territorios afroasiáticos de soberanía portuguesa como Macao, Goa o Luanda los cuerpos policiales presentaban unos índices de nepotismo bastante evidentes (Vale, 2009: 34-44). A comienzos del siglo XX no había conexión entre el desarrollo de la policía, el control metropolitano y la legitimación imperial (Teixeira, 2017: 412-437). El trasvase de recursos humanos entre aquellos cuerpos policiales metropolitanos y los coloniales era mínimo. Las instituciones y el servicio policiales eran vistos, en buena parte de los casos, como una válvula de escape a los excedentes existentes en las estructuras militares regulares (Rico Sánchez, 2017: 79-95).
Sólo mediante el crecimiento de la actividad económica la administración pública se vio obligada a impulsar el proyecto colonial. Monárquicos y republicanos coincidían en esta misión garante de la soberanía portuguesa. Fue en este contexto en el que comenzaron los primeros debates sobre la policía colonial, más allá del ámbito estrictamente militar. Cuestiones como el trabajo forzoso de la población autóctona hizo que se volvieran recurrentes. El surgimiento de la policía colonial se caracterizaba, entre otras cosas, por la discrepancia entre la legislación y las prácticas coloniales. El Imperio Portugués parecía más preocupado en establecer normas jurídicas que en aplicarlas. Cada territorio portugués iba estableciendo diferentes cuerpos policiales, algunos con fuero militar y otros de carácter civil. Con estas corporaciones se buscaba proporcionar seguridad a las personas (europeas) y a la propiedad en una ciudad donde el flujo de ciudadanos nacionales y extranjeros ha crecido. Estas medidas, sin embargo, fueron llevadas a cabo por las autoridades coloniales con poca o ninguna intervención del gobierno de Lisboa. Aun así, estas fuerzas policiales se inspiraron en modelos metropolitanos, como la Guardia Municipal (Andrade, 2008: 40-45) y la Policía Cívica (Gonçalves, 2023: 262-266), que algunos administradores coloniales intentaron emular. En otros casos se emularon modelos policiales foráneos como los británicos, alemanes, etc. El continuo movimiento de creación, reforma y derogación de muchos de estos cuerpos, nos pueden dar una imagen de lo complejo de este proceso en los territorios afroasiáticos portugueses. Fuera de las aglomeraciones urbanas más grandes, hasta bien entrado el siglo XX, las fuerzas militares continuaron realizando funciones policiales en el Ultramar portugués. También hay que recordar que, inicialmente, el número de europeos en todo el dispositivo militar era limitado. A comienzos del siglo XX, con la aplicación de una serie de reformas se fueron amalgamando las fuerzas militares metropolitanas y coloniales. Fue en este contexto en el que se crearon las columnas móviles de policía: unidades de personal militar movilizables ante una emergencia. Además, de este modo el Estado hacia visible su poder en áreas dónde su presencia era débil.
La cuestión policial en las colonias era considerada un asunto local o una simple extensión de la acción del Ejército. En este momento, sin embargo, esto empezó a cambiar. Mozambique fue el primer territorio en el que se empezó a considerar al servicio policial como una cuestión independiente. Curiosamente, Angola no presentaba las mismas inquietudes. Mozambique era, entonces, una sociedad más heterogénea y compleja, en cierto sentido más moderna, como resultado de las migraciones y las conexiones económicas con Sudáfrica y la India. Se hacía evidente así la necesidad de una administración civil, que incluía fuerzas policiales, en las colonias portuguesas en África. En este contexto, el Ejército está colocado en el centro del debate y la actuación policial emerge como un problema diferenciado. Se solían distinguir tres tipos diferentes de policía. La primera, o alta policía, cuya función principal era preservar el dominio colonial portugués y luchar contra todo tipo de rebeliones indígenas. Un segundo tipo de policía fue la policía de seguridad y orden público en las aglomeraciones urbanas. Una tercera categoría correspondió a las fuerzas policiales indígenas, a quienes se les asignó la función de mantener el orden y hacer cumplir la ley en áreas ocupadas exclusivamente por poblaciones autóctonas. Este último tipo de vigilancia debería ser realizado por pueblos indígenas siendo mandado por personal militar. En este sentido, era necesario discutir si las fuerzas policiales debían ser militares, tener un fuero castrense, o tener un carácter civil pleno. También era necesario dilucidar cuál sería su composición total o parcial de individuos europeos o indígenas. La incorporación de la mujer portuguesa tanto a las fuerzas policiales como a las fuerzas armadas se produciría tímidamente en el contexto bélico ultramarino entre 1961 y 1974 (Alexandre, 2015: 90).
Las organizaciones policiales incluían una combinación de agentes europeos e indígenas, dependiendo de las circunstancias de cada región. Mientras tanto la complejidad de las técnicas policiales se hacía cada vez mayor. En Lisboa, la Policía Cívica pasó por un proceso de especialización, desde 1893, que supuso la creación de servicios policiales que atendiesen a la seguridad pública, la investigación criminal, etc. Pero esta complejidad organizativa era difícilmente aplicable en la policía colonial, debido a las limitaciones presupuestarias existentes. La inestabilidad política propia de los últimos años de la Monarquía Constitucional y de toda la Primera República dificultó sobremanera cualquier avance serio en el modelo policial colonial.
La Dictadura Militar (1928-1933) dio lugar al establecimiento apresurado de una tímida administración civil. Los componentes civiles de este Imperio fueron creciendo exponencialmente, con la misión de garantizar la soberanía portuguesa de todos los territorios y afirmar la misión civilizadora del proyecto colonial. Sin embargo, después de muchos años de discusiones e innumerables decisiones políticas, el cambio no fue tan claro para los cuerpos policiales ultramarinos. La llegada del régimen republicano había supuesto la creación de la Guarda Nacional Republicana (en adelante GNR), como un cuerpo policial de fuero militar desplegado por todo el territorio metropolitano. Pero el gobierno que llegó al poder en 1910 no introdujo cambios significativos en las estructuras policiales de las colonias portuguesas. Aun así, sobre el terreno las fuerzas policiales estaban haciendo cumplir un papel destacado en el mantenimiento del orden. A diferencia de sus homólogos metropolitanos, las estadísticas muestran una clasificación de los recursos humanos policiales orientada a la población en torno a tres categorías estructurantes: «europeos», «asiáticos» e «indígenas». Paulatinamente se irían incluyendo equipos y técnicas propios de la policía judicial. Esta policía científica embrionaria contaba con el oportuno personal especializado, tanto europeo como indígena asimilado (Taibo, 2015: 67-71).
Con la institucionalización del Estado Novo hacia 1933, el carácter colonial de la nación portuguesa se afirmó, constitucionalmente hablando, como un pilar esencial de la ideología del régimen, que se tradujo en prioridades políticas, sociales y administrativas para las colonias. La legislación colonial fue imponiendo una lógica política nacionalista, colonialista y centralizadora, limitando la autonomía gubernativa anterior. En este contexto, la policía, con sus instituciones, funciones, la naturaleza del personal y estrategia operacional, surgió como un tema en los debates en torno a los proyectos coloniales del nuevo régimen político. Al contrario de lo que sucedió con la reforma del sistema policial en la metrópoli, en la que el Estado Novo se limitó a poner en práctica ideas que durante mucho tiempo habían sido debatidas, con respecto a la vigilancia de las colonias el régimen no encontró, un amplio debate. Había que perfilar, pues, los cuerpos policiales en las colonias, el grado del control que sobre ellos ejercía Lisboa y su relación con el Ejército.
El Estado Novo, como vemos, afirmó una nueva política para las colonias, marcada por la intervención directa de la metrópolis en Ultramar. Se intentó poner un poco de coherencia en el entramado policial ultramarino, pero se mantuvo la policía indígena como elemento de control indirecto entre la población autóctona rural. Se atribuyó a los cacicazgos indígenas una serie de competencias, también en materia de orden público. En los municipios y en puestos donde no existía una fuerza policial especial, se establecieron cipayos como auxiliares de la administración civil en las colonias. Se trataba, pues, de indígenas con el servicio militar cumplido, reclutados a través del sistema de voluntariado. Estas fuerzas, en cada puesto, serían las indispensables según las necesidades del servicio. Fuera de los grupos de población más grandes, las nuevas instituciones con funciones administrativas: distritos, municipios y puestos administrativos contaban con agentes (inspectores de distrito, administrativos entrenadores de circunscripción y jefes de puesto) de quienes se esperaba realizasen funciones policiales no asignadas a las fuerzas policiales sensu stricto. Aquellos gobernadores asumieron que estos agentes eran parte de un aparato administrativo centralizado, jerárquico e independiente de la fuerza militar. Así, cada uno era responsable, dentro de su ámbito territorial, de ordenar, dirigir y emplear sus fuerzas policiales. Sobre la base de esta pirámide administrativa colonial surgió el jefe de puesto, que era la figura en la que convergían una miríada de funciones policiales (Teixeira, 2017: 417-430). En las ciudades coloniales, las fuerzas policiales consolidadas a comienzos del siglo XX se integraron en este proceso. Los caminos de la reforma policial colonial no pueden entenderse sin sus mandos, usualmente militares al servicio de la administración policial. Aquellos hombres, después de diferentes destinos militares fueron premiados ocupando diferentes jefaturas dentro del entramado policial y, por ende, facilitando mayores trasvases entre los destinos policiales metropolitanos y los coloniales. Esta pequeña élite de oficiales militares, plenamente identificados con el Estado Novo, comenzó a potenciar la naturaleza, funciones y estatus social de la policía, especialmente desde sus destinos, metropolitanos y ultramarinos, en la PSP. Parecía oportuna, pues, la estandarización institucional entre policía metropolitana y policía colonial. También atender a la formación de los agentes de policía que serían destinados a las colonias. Era fundamental contar con policías con experiencia en cómo afrontar poblaciones indígenas, al intentar adaptar sus costumbres a una legislación impuesta desde la metrópolis. Aunque se había creado en 1906 la Escuela Colonial como centro docente administrativo colonial, aplicado a un contexto específicamente policial era algo nuevo. Sin embargo, aunque la tendencia era estandarizar la policía en las colonias y establecer un vínculo más fuerte con la policía metropolitana, a principios del decenio de 1940 la situación seguía siendo precaria. Cada colonia dirigía sus propias fuerzas policiales sin existir cualquier modelo unificador. El sistema policial colonial siguió siendo una amalgama llena de diversidad, hablando en términos institucionales. Mientras que en algunos territorios las fuerzas policiales seguían siendo una parte integral del Ejército, en otros eran instituciones independientes y la composición del personal variaba según cada cuerpo. Una de las consecuencias de esta diversidad fue la constante disparidad salarial entre los agentes de policía. Esta desigual retribución también impedía el surgimiento de un grupo homogéneo de policías, transversal a todas las colonias, que compartiesen una misma cosmovisión y ostentasen un nivel de vida semejante.
El Estado Novo emprendió una serie de medidas nominales que confirieran una cierta coherencia a su modelo policial colonial. De este modo surgieron la PSP de Angola y Mozambique, instituciones calcadas de la institución policial metropolitana. Sin embargo, contaban con un mando independiente del comandante general de la PSP en Lisboa. Cada PSP en Ultramar fue objeto de una sucesión de reformas legislativas hasta los años 60. Cada cuerpo pasó de ser una institución urbana para alcanzar todo el territorio colonial, aunque su presencia rural fuera limitada. Este cambio fue acompañado por un aumento en el número de personal y constituyó un hito dentro de la fuerza policial. Los servicios de policía de la colonia, como los de la metrópoli, parecían tender a la concentración de todas las fuerzas policiales portuguesas bajo un mando único por el Estado Novo. Es posible apreciar gráficamente cómo los edificios destinados a cada comisaría adoptan rasgos vanguardistas en su arquitectura, en el servicio se utilizan con profusión motos modernas y bicicletas utilitarias para patrullar. Aquella policía, hasta la década de 1960, era fundamentalmente un cuerpo de agentes blancos que vestía uniformes idénticos a los de sus colegas de Lisboa. Cuando comparamos estas fuerzas policiales, con la GNR metropolitana durante el mismo período, podemos afirmar qué cuerpo policial, entonces, presenta un discurso más moderno. Paulatinamente se fue adoptando este mismo patrón de reforma. Podemos observarlo en Guinea Bissau, en el archipiélago de Cabo Verde, e incluso en lugares dónde la policía no tomó formalmente el nombre de Policía de Seguridad Pública (o PSP), como en el territorio insular de Santo Tomé y Príncipe.
A partir de 1950, condicionado por la pujante descolonización, Portugal adoptó una nueva orientación ultramarina encaminada a la perpetuación del Imperio Colonial. Aquella legislación también afectaría al sistema policial colonial. Había que superar, pues, la persistencia de una confusión de posiciones y estructuras en las fuerzas policiales coloniales. Sólo las guerras coloniales, entre 1961 y 1974, trajeron la racionalización y estandarización del sistema policial en las colonias y un vínculo más sistemático con la policía en la metrópoli (Birmingham, 2005: 171-195). Aquellas reformas produjeron el traslado a Lisboa de una parte de la decisión política en materia policial. Hay que recordar que, hasta la década de 1910, el gobierno central era un actor ausente en lo relativo a estas competencias dentro del entramado colonial. El Estado Novo materializó instituciones como el Ministerio das Colonias o el Ministerio de Ultramar, que obtuvo una voz más activa en aquellos asuntos policiales. Resulta, sin embargo, sorprendente que el modelo adoptado, durante buena parte del siglo XX, fue el de unas instituciones policiales que, siguiendo líneas de organización y disciplina militar, permanecieron vinculadas a la administración civil de la colonia y fueron tuteladas por el gobernador local. Así, sucedió al contrario de lo que ocurrió con las colonias francesas, y en las españolas, en las que el modelo de Gendarmería, y Guardia Civil para el caso español, se replicó en las colonias (Rico Sánchez, 2015: 1155-1176). La citada GNR sólo prestó servicios a la administración metropolitana, no fue trasvasada a las colonias (Marques, 2006: 574-593). En definitiva, una de las peculiaridades más destacables de las fuerzas policiales que Portugal tenía en sus colonias era el despliegue hegemónico de la PSP. Su protagonismo impidió un equilibro entre varios cuerpos policiales relevantes que se repartiesen las competencias coloniales. Hay que recordar que, en Portugal, en aquel tiempo, las diferentes atribuciones se repartían entre los cuerpos policiales de carácter nacional: la PSP, la GNR, la PIDE-DGS, y la Guarda Fiscal. En África, el personal de la PSP, tanto europeo como africano, desempeñó su carrera profesional siguiendo modelos metropolitanos apenas adaptados a la realidad colonial.
Como sabemos la Policía de Vigilancia y Defensa del Estado, o PVDE (1933-1945), luego renombrada Policía Internacional y de Defensa del Estado, o PIDE (1945-1969), y finalmente Dirección General de Seguridad, o DGS (1969-1974), fue el cuerpo policial, de carácter estatal e índole civil, encargado de perseguir a los disidentes del Estado Novo (Alexandre, 2015: 144-145). A partir de 1954, la PIDE, policía política por antonomasia dentro del Estado Novo, comenzó a ser desplegada en Angola, Mozambique y Guinea con un número de personal muy limitado, que se iría ampliando progresivamente hasta alcanzar el 56% de la plantilla global del Cuerpo (incluyendo a la metrópolis). Legalmente se atribuía a sus miembros algunas de las funciones del juez en la investigación preparatoria y del fiscal. Los salarios de sus empleados eran mucho más altos que los de las categorías equivalentes de la PSP. Por este motivo buena parte de sus miembros, hombres y mujeres, procedían de la citada PSP. Otros procederían de paisano, o de las Fuerzas Armadas. Conforme aumentaban las hostilidades de la Guerra Colonial la PIDE-DGS fue teniendo un presupuesto que crecía desproporcionadamente. En Angola pasó de 7.062 millones de escudos en 1961 a 156.976 en 1974. En Mozambique, de 19.105 millones de escudos en 1962 a 143.300 en 1974; en Guinea de 939 millones de escudos en 1962 a 8469 en 1974 (Pimentel, 2007: 69-72).
La PIDE-DGS jugó, en la Guerra Colonial, un papel importante no sólo a través de la información obtenida mediante tortura o corrupción, sino también mediante la lucha armada, gracias al control de los Flechas, un cuerpo africano de rastreadores y guerreros bosquimanos que gozaba de gran libertad de acción, especialmente en áreas rurales (Venter, 2015: 31). Estos Flechas llevaban a cabo acciones de contrainsurgencia exitosas en muchos casos. Su conocimiento y adaptación al medio eran excepcionales (Venter, 2015: 473-487). A cambio, la PIDE les permitía una crueldad y una autonomía que no gustaba a muchas autoridades militares portuguesas. Con todos los medios a su alcance, la policía política extendió sus redes por países vecinos a las colonias y obtuvo documentos secretos, incluidos fotografías y detalles de la vida privada de los líderes independentistas. Con el apoyo de las fuerzas policiales de Rhodesia y Sudáfrica, la PIDE-DGS montó operaciones en territorio de Mozambique y Guinea-Bissau y en varios países africanos hostiles a Portugal (Venter, 2015: 488-498). La actividad de la PIDE-DGS a favor del colonialismo despertó su simpatía en la mayoría de los colonos. En Ultramar, después del 25 de abril de 1974 y durante la transición a la independencia, se ordenó la detención de algunos de sus miembros. Sin embargo, prácticamente ninguna de estas detenciones tuvo éxito. Los antiguos agentes de la PIDE-DGS aún contaban con el auxilio y la simpatía de buena parte de la población portuguesa residente en Ultramar.
La consolidación y desarrollo de la policía colonial a lo largo del siglo XX era una cuestión inherente a la formulación del Estado colonial, vinculados a un conglomerado de ideas y políticas expresadas en la metrópoli portuguesa. Desde la década de 1930, las instituciones policiales coloniales fueron siendo interconectadas con sus homólogas metropolitanas para conferir a todo el sistema policial una coherencia, hasta entonces inexistente. Los discursos y algunas reformas institucionales fueron creando unos modelos comunes entre la policía metropolitana y la policía colonial. Pero la adopción sistemática de modelos institucionales para diferentes territorios coloniales y el movimiento fluido de personal entre cuerpos policiales sólo se produjo de manera más sistemática con el Estado Novo. El perfil de sus recursos humanos, así como su funcionamiento operativo hacen de estas instituciones policiales coloniales un vacío historiográfico que debería ser colmatado por la comunidad académica. Una amalgama de diferentes instituciones, creadas y mantenidas por iniciativa de los distintos administradores locales mantuvo, durante décadas, la autoridad colonial. Las fuerzas policiales que se crearon fueron microcosmos de las sociedades coloniales que surgieron entonces y llegan mutatis mutandis hasta la actualidad. Del mismo modo que en la metrópolis la incorporación de jóvenes de clases populares generó desafíos en aquellos cuerpos policiales. Además, en el caso colonial, la negritud, así como la, tímida y tardía, incorporación de la mujer fueron otros de los retos a los cuales debían enfrentarse aquellas policías. Por todo ello, siempre fueron diferentes las dinámicas mediante las cuales debían actuar unas policías étnicamente heterogéneas frente a una sociedad muy diferente de la metropolitana, tanto en medios urbanos como en contextos rurales. En resumen, se ha intentado esbozar aquí, siquiera levemente, la historia de los policías coloniales africanos, la de los policías que pasaron por África destacados en diferentes comisiones y los policías que allí se quedaron. Porque lo más valioso de un Cuerpo son sus recursos humanos.
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